Política

Al que cría cuervos y los arma…

Cruzar la delgada línea que, como decía Hans Magnus Enzensberger, separa la política del delito es algo que tanto la CIA, como la DEA o los departamentos de Estado y de Justicia hacen continua y descaradamente.

Pactar con terroristas o con criminales, dentro y fuera de Estados Unidos, aliarse con ellos, convertirlos en instrumentos de su política exterior o de su sistema de justicia, usarlos como arietes en sus proyectos de dominación global, aun cuando públicamente se les considere como enemigos, es algo común.

Millones de vidas se han perdido, en todo el mundo, a causa de este brutal pragmatismo de carácter típico y anacrónicamente absolutista; no hay ley, imperativo ético, consideración moral o humanitaria de ninguna especie que se antepongan a los intereses de Washington.

El gobierno de Estados Unidos no solo cría cuervos, los arma hasta los dientes; así pasó con Osama Bin Laden y el Estado Islámico, que luego le sacaron los ojos.

Lo mismo sucedió con Pablo Escobar a quien la CIA, a cambio de que financiara a los escuadrones de la muerte en El Salvador y le suministrara cocaína para canjearla por armas para la contra nicaragüense, le permitió expandir su imperio al norte del Bravo.

Aquí en México tocó a Vicente Fox y a Felipe Calderón, que fueron cómplices en 2006 en el robo de la presidencia y que encumbraron a Genaro García Luna a someterse a los designios de la DEA y proteger a El Chapo Guzmán y al cártel de Sinaloa.

Cuando en 2108 Andrés Manuel López Obrador se propone detener la matanza, construir la paz que es fruto de la justicia y recuperar la dignidad y la independencia de México, la DEA y la ultraderecha estadunidense dan un giro estratégico a su alianza con Los Chapitos.

A Ovidio Guzmán, capturado por el Ejército mexicano, extraditado por López Obrador, a sus hermanos y a otros capos a los que han convertido en testigos protegidos, corresponsables todos ellos junto a los capos y cárteles norteamericanos —a los que nadie persigue— de la muerte de decenas de miles de jóvenes en su propio territorio, la DEA y el Departamento de Justicia pretenden usarlos ahora como arma contra la soberanía nacional y la democracia en México.

Quien mata, traiciona. Quien traiciona, miente. Así son estos “aliados” de la DEA; esos cuervos que han cegado ya tantas vidas y que cantarán lo que les ordenen. No importa; al final y como dice Hannah Arendt, “la mera acumulación de mentiras no logra transformar completamente la realidad” y aquí el pueblo sabe que ni su Presidenta ni su gobierno pactan con criminales. Se equivocó Biden al permitir que el FBI interviniera en México y que Ken Salazar, su embajador, mintiera. Se equivocará Trump si sigue sus pasos.


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Epigmenio Ibarra
  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la productora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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