Política

Reforma electoral: la tumba de la democracia mexicana

Seguramente el lector ha escuchado la narración del “efecto de la rana hervida”. La creencia popular señala que, si una rana se encuentra en el agua y ésta comienza a calentarse, el cuerpo de la rana se irá adaptando hasta que el imparable incremento de la temperatura termine por hervirla. Es una analogía no sólo de la vida. En muchas ocasiones, los cambios graduales no son perceptibles. Como cuando subimos de peso o se deteriora nuestra salud. En política, la misma regla vale. La resbaladilla hacia el autoritarismo muchas veces es lenta y gradual. Nos damos cuenta de que vivimos en una dictadura hasta que el agua termina de hervir.

En siete años, Morena ha destruido el régimen de la transición a la democracia en México. Aquellas instituciones y reglas que nos permitieron que el voto de los mexicanos valiera, hoy son presa de una guerra encarnizada encabezada por el régimen. Autonomía electoral, representación proporcional, federalismo, tribunales y órganos locales, presupuestos públicos. No es descabellado afirmar que iremos a votar en 2027 con una sola certeza: nuestro voto valdrá si Morena quiere que valga. En el camino quedaron todos esos espacios de contrapoder que nos garantizaban que los gobiernos emanaran únicamente de la voluntad popular. Todo el entramado de instituciones tenía un propósito: defender el voto que tú como ciudadano depositabas en una urna.

La reforma electoral que cocina el régimen (Morena+PVEM+PT) es el ataúd de una serie de cambios que se han impuesto desde 2018. Por la puerta de atrás y sin una nueva constitución, hoy tenemos un régimen político distinto. Habrá que nombrar a esta rara avis que emergió con la victoria de López Obrador, pero lo que es innegable es que ya no se le puede llamar democracia. Una democracia requiere pluralidad, la reforma electoral busca destruirla; una democracia requiere estado de derecho, la reforma judicial lo sepultó; una democracia exige protección de las minorías, hoy sólo existe el mayoriteo; una democracia no lo es si la autoridad electoral está sometida al capricho del poder. No hay democracia con perpetuidad en el poder, como lo avizora la reforma electoral. Nos dirán que es una democracia diferente: popular o participativa, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Me recuerda la defensa que hacía Fidel Castro de “su democracia popular” cubana.

Frente a esta constelación de regresiones, hay quien les prende una velita a los gringos. Pensar que los gringos defenderán la democracia en México es vivir instalado en el realismo mágico. Si históricamente Estados Unidos tiene intereses y no amigos, hoy la “América de Trump” es el imperialismo más pragmático llevado al extremo. Trump prefiere lidiar con dictadores que con mandatarios democráticos. Se lleva bien con Putin, pero no puede con Macron o Merz. Le encanta Bukele, pero aborrece a Carney. Delcy Rodríguez es ya una estadista para la Casa Blanca porque se sometió a Washington. Nadie externo vendrá a salvar a México del autoritarismo y el narco estado. Sólo una ciudadanía activa y demandante podrá defender un país basado en el estado de derecho y la protección de las libertades.

No anticipo nada si le digo al lector que nos intentarán vender la reforma electoral como lo hacen todos los autoritarismos: hablando del bolsillo. Sheinbaum y sus operadores nos dirán que la reducción de plurinominales, la desaparición de los órganos electorales, los tribunales o la reducción de dinero a los partidos políticos se hace con la firme intención de mejorar la vida de la gente. ¿Por qué invertir en democracia si ese dinero se puede ir a programas sociales o a comunidades indígenas? El populismo ramplón de siempre. Una democracia tan poco valorada puede ser vista menos valiosa que migajas presupuestales.

La sociedad civil mexicana está dormida. Parece arrullarse con la discreción discursiva de Sheinbaum. Una mujer que esconde sus intenciones detrás de un pelaje de cordero. Habla quedito para no levantar polvos. Sin embargo, detrás de la quietud está la agonía del modelo democrático mexicano. Como la rana que hierve, la ciudadanía mexicana reaccionó frente a un López Obrador que subió la temperatura del debate público hasta niveles que incomodaron incluso al más satisfecho. López Obrador obligaba a posicionarse, no escondía sus intenciones. Sheinbaum engaña. Sheinbaum esconde. Sheinbaum eleva lentamente la temperatura, mientras negocia la reforma más regresiva en décadas. La reforma judicial fue una reforma política para concentrar el poder: someter al judicial a los designios de Morena. La reforma electoral corre la misma ruta: permitir que Morena gobierne el país a perpetuidad. Habitamos un tiempo no apto para tibios.


Google news logo
Síguenos en
Enrique Toussaint
  • Enrique Toussaint
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.