Política

Morena y la narcopolítica

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La única manera de combatir al crimen organizado es desmantelar las redes de influencia que tienen en la política. Sin la separación absoluta entre los criminales y el Estado, no hay paz durable. La Pax Narca del pasado o el Abrazos no Balazos sólo supuso el engrandecimiento de los criminales y su expansión territorial. Podemos aborrecer a Donald Trump. En lo personal, a mi me parece detestable. No obstante, las acusaciones contra líderes políticos mexicanos no deben reducirse a un plebiscito entre simpatizantes o detractores del inquilino de la Casa Blanca. El señalamiento de los vínculos estrechos entre el régimen que gobierna México (Morena y sus aliados) con el narcotráfico y los criminales va más allá de los cuatro años que Trump despachara en Washington.

Lo relevante para los mexicanos es que se haga justicia. Y, lamentablemente sabemos que esa justicia no vendrá de nuestras instituciones. Ojalá viviéramos en un país en donde quien la hace la paga. No obstante, nuestro México es el país del encubrimiento y la complicidad política. Claudia Sheinbaum tuvo la oportunidad de actuar contra el gobernador con licencia de Sinaloa –Rubén Rocha– y optó por el encubrimiento. Morena protegerá a Morena. Ciego quien no quiera ver la realidad política.

A las acusaciones de tener vínculos con el crimen organizado de gobernadores, funcionarios y alcaldes de Morena, ahora hay que añadir que el Gobierno de Estados Unidos ha decidido quitarle la visa ni más ni menos que al hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. “Andy” López Beltrán que hasta hace unos días ejercía como el operador político más encumbrado de Morena desde la Secretaría de Organización del partido, ha sido durante años la mano derecha de su papá. Por eso, Luisa María Alcalde –también incondicional del tabasqueño– lo puso al frente de la estructura del partido. La señal de mando: López Obrador manda en Morena. La llegada de Ariadna Montiel supuso el descabezamiento de “Andy”, pero el daño estaba hecho. El retiro de su visa no es gratuito. A pesar de lo que “Andy” floridamente expresa en su carta, Estados Unidos no quita visas nomás porque sí. Y menos cuando hablamos de un hijo de un expresidente del país.

No deja de sorprenderme que el propio López Obrador haya escrito una carta diciendo que Donald Trump ya no era lo mismo. Algo olía en su contra. Tal vez hay quien con poca memoria crea que el expresidente fue un opositor a Trump. Nada más lejos de la verdad. Durante su sexenio, López Obrador accedió a todas las peticiones del magnate. Desde fungir como tercer país seguro para frenar la migración hacia Estados Unidos desde Centroamérica hasta entregar a los capos del crimen organizado que Trump quería. O la liberación del general Cienfuegos por la intervención del morenista cuando había sido detenido en los Estados Unidos. Trump y López Obrador fueron cómplices. El segundo entendió la primacía del primero y agachó la cabeza. Trump siempre se lleva bien con quien se somete a su poder sin rechistar.

En este sentido, no caigamos en la narrativa del intervencionismo. Morena se ha beneficiado de Donald Trump. Morena ha cooperado con Trump en sus dos periodos de Gobierno. Nuestra única línea roja ha sido el Tratado de Libre Comercio (T-MEC). A Trump no le estorba Morena en el Gobierno, lo único que le estorba es la dejadez del régimen a la hora de combatir a los criminales. Sobre todo, porque hay miles de estadounidenses que mueren cada año por el consumo de fentanilo. La perpetuación de la política de abrazos y no balazos, así como la impunidad al interior de Morena de los casos de políticos que tienen vínculos con los criminales. A Morena no le afecta que Estados Unidos intervenga como lo ha hecho desde que somos nación independiente, sino que lo haga señalando a los principales cuadros de su partido. El problema de Sheinbaum no es de soberanía, sino de lealtad partidista. Si Estados Unidos señalara a la oposición, ya habría aviones volando a Washington con políticos en forma de ofrenda. La impunidad partidista es tal, que el Gobierno ni siquiera tiene una carpeta de investigación en contra de Rubén Rocha Moya. No importa que todo el mundo en Sinaloa sepa que el crimen operó para que fuera gobernador, la Presidenta ha preferido ser jefa de partido que jefa del país. Ha preferido que su partido pueda ganar las siguientes elecciones, aunque eso suponga que no se castigue a los culpables de los nexos entre el narco y la política.

A quien le molesta que Washington señale políticos mexicanos, es porque prefiere que la impunidad reine en el país. El Gobierno de Sheinbaum y la FGR han demostrado que no piensan mover un dedo para investigar a sus gobernadores. El doble rasero es insultante: quieren juzgar a Maru Campos de traición a la patria por atacar un narcolaboratorio con apoyo de la CIA, mientras omiten los audios de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, donde ofrece información y lo que quieran a los gringos siempre y cuando no empiecen procesos legales o económicos en su contra. La hipocresía no puede ser más grande. Ojalá México fuera un país con instituciones fuertes y autónomas, pero no lo es. Si los señalamientos tienen que venir de Washington, bienvenidos. Seguramente, López Obrador comienza a sentirse acorralado: su secretario de gobernación está acusado de gobernar de la mano del narco (Adán Augusto López en Tabasco) y su ex encargado de seguridad (Alfonso Durazo) de tener vínculos con los criminales. Será difícil que López Obrador diga que no sabía nada.


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Enrique Toussaint
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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