Política

¿Por qué los jóvenes no votan?

Descarte usted las visiones estereotipadas. No es ni por huevones ni por apáticos. Hay causas más profundas que tienen que ver con política, democracia y precariedad

Comienzo por los datos. En 2021, los jóvenes decidieron no salir a votar en Jalisco. Me permito la licencia de extender la juventud hasta los 34 años. Tomando en cuenta que la expectativa de vida en Jalisco roza los 76 años, un elector de 34 años puede ser considerado como un elector joven o adulto joven. En Jalisco, dos millones 700 mil electores se encuentran en esta franja de edad.

De este total, sólo 850 mil decidieron acudir a la urna y emitir su voto. Es decir, algo menos que la tercera parte. Esto supone que los jóvenes tienen una tasa de participación 17 puntos inferior que el promedio de la sociedad jalisciense. Y es aún más dramático si hacemos la comparación con adultos plenos o adultos mayores. Entre estos grupos etarios, la votación -en 2021- superó el 60% del listado nominal. Una cifra notable para ser una elección intermedia donde no se elige ni al presidente de la república ni al gobernador del estado.

Lo que sí es innegable -con los datos en la mano- es que la participación electoral de los jóvenes asciende en elecciones presidenciales. Mientras en procesos intermedios se mueve entre los 32 y los 38 puntos, en elecciones presidenciales supera los cincuenta puntos. Y usted diría: bueno, es obvio, eso ocurre en todos lados. Pues no en la misma proporción. En Jalisco, el diferencial entre elecciones intermedias y concurrentes se mueve en torno al 10 por ciento. Sin embargo, entre jóvenes (18-34 años) hay una diferencia de 21 puntos en 2012 y 19 puntos en 2018 -con respecto a la intermedia anterior. Para no hacernos bolas: los jóvenes son hiper abstencionistas en elecciones intermedias y bastante más activos en presidenciales. Su diferencial es el doble que el promedio estatal.

Dice el psicólogo conductual de la Universidad de Duke, Dan Ariely, que un sesgo que tenemos cuando es analizado determinado fenómeno es que confiamos demasiado en nuestra intuición. Seguramente el lector ya aventuró toda clase de hipótesis: los jóvenes son flojos, los jóvenes son apáticos, los milenials y los centenials están muy chiqueados y son frágiles, etcétera. No obstante, eso no resuelve el dilema: si fueran apáticos y huevones no participarían nunca. Y menos duplicarían el diferencial de votación entre comicios con el resto de la población.

B.
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Antes de intentar explicarlo, es necesario un zoom mayor. Si se revisa a fondo los datos, hay un fenómeno no tan evidente en la fotografía completa: los jóvenes salen a votar con emoción cuando cumplen 18 años (por encima de la media estatal), pero una parte no menor rápidamente se decepciona. Dato ilustrador: uno de cada seis jóvenes que votaron a los 18 años, ya no se aparece en las urnas en la siguiente jornada electoral. Seguramente se decepcionaron por su voto. La tendencia se mantiene hasta los 29 años. Después de ahí, ya sea por responsabilidad, madurez o porque ya perdonaron a sus traidores, el joven adulto se recupera y vuelve a las urnas. Los datos abiertos del INE muestran una interesantísima recuperación de la participación en Jalisco a los 33 años.

La decepción se acentúa en el voto urbano, pero de los municipios “periféricos” -aunque ya no lo sean tanto- del Área Metropolitana de Guadalajara. Tlajomulco, por ejemplo. Los jóvenes entre 18 y 19 votan en promedio 11 puntos más que los jóvenes que se encuentran entre los 20 y los 29 años. Lo mismo sucede en Tonalá. Imagine usted sólo una cuarta parte de los jóvenes tonaltecas entre 20 y 29 años votaron en las pasadas elecciones. Esos cambios no son tan pronunciados en Guadalajara y Zapopan.

Se puede decir: no votan porque están malinformados. Pues las diferencias entre voto urbano y voto rural no sugieren eso. Los jóvenes que viven en localidades rurales fluctúan muchos menos en sus tasas de participación (-5% en promedio de una elección concurrente a una intermedia). Donde sí es perceptible un cambio notable es en los jóvenes que viven en ciudades, de los cuales es posible asumir que están más conectados a los flujos de información. La tasa de participación se hunde en elecciones intermedias, aunque se recupera cuando las urnas son para elegir presidente y gobernador.

Se necesita un estudio más a fondo para entender las razones del abstencionismo juvenil. No obstante, está claro que no es una apatía inherente a la juventud. Es importante cavar más hondo. No vemos grandes cambios entre milenials, centenials, boomers. Lo que sí parece es una decepción profunda con la democracia y el sistema de partidos. En su momento aquella decepción se vehiculó a través del movimiento anulista, los candidatos independientes e incluso el ascenso de Enrique Alfaro o Pedro Kumamoto como opciones antisistema. Lo que me queda claro es que eso no se resuelve ni con raps, yuawis o neteando a los jóvenes. La desafección de la política tiene que ver con los resultados de Gobierno: trabajos mal pagados, incertidumbre sobre el futuro, imposibilidad de hacer un patrimonio, servicios públicos precarios. Muchos jóvenes han entendido que la política poco tiene que ver con su vida. Y eso es una tragedia.

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Enrique Toussaint
  • Enrique Toussaint
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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