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Martes , 26.03.2019 / 19:12 Hoy

Verdad amarga

Caminos y puentes federales (de quinta)

Enrique Sada Sandoval

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No se concibe la Historia del mundo sin la necesidad imperiosa del hombre de viajar o trasladarse en persona, pues la distancia suele entrañar no solo agradables sorpresas para quien toma camino sino para quienes le esperan al otro lado de una línea divisoria o para quienes tienen por fortuna acompañarle.

De igual modo, no se puede concebir a la vez la Historia de este gran país como el nuestro sin pensar en sus primeros referentes como camino o senda, empezando por el legendario y a su vez no menos mítico y entrañable antiguo Camino Real de Tierra Adentro, cuyos ramales de algún modo siguen trazando la ruta o marcando una pauta de desarrollo a lo largo y ancho desde que éramos Virreinato.

Sin embargo, si algo del pasado sigue siendo nada entrañable lo es el rezago y el fraude que representan buena parte de las concesiones carreteras y las instituciones de gobierno a cargo, tal como me tocó vivir de cerca: justo viniendo de Sinaloa a Durango por la autopista del Baluarte—obra culmen de corrupción e incompetencia desde el Calderonato—una falla mecánica nos retuvo en medio de la noche a la altura del kilómetro 140-400, a solo 4 kilómetros de la caseta más cercana.

Se marcó el 074 con la promesa de enviar grúa, misma que nunca llegó hasta que una patrulla federal preocupada por el vehículo la pidió a las 12:30, llegando hasta las 5:45(estando estacionada en la caseta cercana) y con la orden surrealista de Caminos y puentes federales (Capufe) de solo mover el automóvil a un lado de la autopista.

Resulta que las llamadas de emergencia hechas a este número llegan primero a Nayarit, pasan luego a Nuevo León donde horas después alguien decide no solo no hacer efectivo el seguro de viaje por la cuota que se paga en la caseta anterior—mismo que es cuantioso y se exige en efectivo sin opción alguna—sino tampoco ayudar: solo enviar una grúa, en el mejor de los casos, con la amenaza de cobrar el traslado completo, y con cargo doble, al usuario/víctima del mismo.

Sin duda algo impensable en otras latitudes y que de haber ocurrido hubiera causado la muerte u hospitalización de alguna familia o grupo de turistas extranjeros, dadas las condiciones climáticas severas; hecho suficiente para que el Estado interviniera, quitándole la concesión al particular o la empresa que la detenta, no sin antes sancionar a los burócratas responsables: pero no en México.

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