A pesar de haber nacido hace más de 180 años, el nombre de John Rockefeller sigue siendo un referente en el mundo de los negocios.
Hoy, es considerado el hombre más rico de la historia universal.
Rockefeller nació en Nueva York, procedente de una familia judía.
El barrio donde creció era muy pobre. Nunca terminó sus estudios y comenzó a trabajar de ayudante de contador desde muy joven.
Se le vino el mundo abajo cuando solicitó un aumento y le fue negado.
Decepcionado, decidió renunciar y abrir una comercializadora. Comenzó a tener éxito y, gracia a su disciplina financiera, comenzó a acumular ahorros.
En eso, el destino le dio un giro a su vida: en Pensilvania, se perforó el primer pozo petrolero de la historia.
En aquel entonces no había automóviles, pero con un proceso de refinación el crudo podía ser utilizado como combustible para las lámparas y como engrasante para máquinas.
De inmediato se perforaron infinidad de pozos y se construyeron refinerías.
En una oportunidad, Rockefeller compró media refinería, entrando al negocio de manera gradual, aprovechando sus conocimientos y conexiones comerciales.
Su cuidado y manejo pulcro de los recursos lo llevaron a seguir adquiriendo más refinerías e integrándose verticalmente, produciendo sus barriles, tubos y vagones de ferrocarril.
Comenzó a exportar a Europa y a los pocos años se convirtió en el principal petrolero del mundo. Su empresa, Standar Oil, se convirtió en un monopolio de todos los productos derivados del petróleo.
Rockefeller era un sujeto muy controversial. Por un lado, utilizaba prácticas poco ortodoxas para asfixiar a sus competidores; pero por el otro, destinaba cantidades ingentes de dinero para la beneficencia, la caridad, la investigación, la salud pública y la educación.
En ese entonces, sus métodos no eran ilegales, por eso el país tuvo que legislar para detener su monopolio y fraccionar su imperio.
Rockefeller es la prueba de que se puede triunfar en la vida independientemente del origen.
Que la disciplina paga dividendos, que la creatividad es importante, que las adversidades pueden ser convertidas en oportunidades, que vale la pena correr los riesgos y que siempre se puede ser solidario con los que menos tienen.
Creo que todos llevamos un Rockefeller dentro, solo debemos liberarlo y dejarlo actuar.
emym@enriquemartinez.org.mx