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Martes , 26.03.2019 / 00:16 Hoy

Ahora que me acuerdo

Tauta y Cantor

Emiliano Páramo

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Un día me contaron que cuando el creador repartió sus dones a la humanidad, los ángeles que racionaban los acopios del arte de narrar y del humor, derramaron por accidente una gran cantidad extra cuando sobrevolaban Colombia; yo, aunque poco sé de los menesteres de la creación, puedo afirmar que el cuento es cierto. Indudablemente Colombia es una de las grandes cunas de la cuentería en nuestra lengua; los cuenteros de por allá son en su mayoría extraordinarios, divertidos y magistrales, en el escenario y en el trato personal. Mi abuela, que mucho entiende de los asuntos de hacerle al cuento, afirma que si es colombiano el narrador, por lo menos es bueno, o muy bueno, o verdaderamente extraordinario; con ellos no hay pierde.

Hace unos días me encontré en persona a dos que ya conocía "de habladas" y por el Facebook (el cosmos de los cuenteros es apenas un pañuelo): Juan Pablo Cantor y Javier Tauta. Una buena fama los precedía, pues entre nuestros amigos en común, sólo había escuchado sobre ellos palabras de aprecio, amistad y buen asombro, cosas que en el mundo de la narración oral nunca son una casualidad o una expresión gratuita, sino la seguridad del respeto y el cariño que nace desde el escenario y el trato de frente.

Muy a pesar de que la obra y el artista son elementos que no necesitan estar forzosamente ligados en lo que nos provocan, lo que más celebré de conocer a Tauta y Cantor, es que los dos son tan buenos narradores como buenas personas, y eso no es poco decir, pues no siempre el artista tiene el capital humano suficiente para trascender el escenario y, bajo las tablas, continuar iluminando; y es que esa es la consigna del oficio que ellos ostentan: llenar de luz desde la palabra donde hace noche y florecen los espantos. Lo que aquí afirmo no es una grandilocuencia, sino la certeza que me otorga haberlos presenciado en el momento en que hicieron "eternas las almas de los niños", bajo el amparo santo que comienza con el "Había una vez...".

Desde finales de septiembre estos dos narradores colombianos recorren los caminos y los foros de Hidalgo y la Ciudad de México. Ellos son jóvenes artistas que ya cuentan con más de 17 años de labor profesional. Son también directores de la Corporación Cultural Fabricantes de Historias, que organiza el Festival Internacional de Cuentería del mismo nombre, que ya ha celebrado 10 exitosas ediciones, en la ciudad de Chía, de la provincia de Cundinamarca, Colombia. Aunque no es su primera vez en México, esta ocasión nos visitan gracias al auspicio que les otorga el haber sido ganadores del Portafolio de Estímulos para la Circulación Internacional, otorgado por las autoridades municipales de su lugar de origen. Gracias a este premio, han participado en diferentes jornadas artísticas como el 4to. Festival "Ven que te cuento", organizado por una empresa del altiplano hidalguense; el XXIX Aniversario y Festival Internacional de Cuentería "Octubre mes de los Cuentos", organizado por la maestra Beatriz Falero y los Narradores Orales de Santa Catarina, que realizaron actividades en la XV Feria Internacional del Libro del Zocalo de la Ciudad de México; el Festival Internacional "Cuento a cuento, mano a mano" que se realiza en el Valle del Mezquital; además de diferentes talleres y presentaciones especiales en múltiples centros culturales y espacios alternativos.

Permanecerán en nuestro país hasta la primera semana de noviembre, para participar en el espacio "Regaladores de Palabras" de la UNAM, donde continuarán con su labor de hacer de este mundo un lugar mejor, desde su palabra. Según sus propias palabras, esperan con su presencia, incentivar el intercambio cultural y artístico entre las dos naciones, además de aportar al desarrollo de la narración oral como un hecho escénico, en la promoción de la lectura, en el trabajo para niños, niñas, jóvenes, adultos y primera infancia; además de aportar en el desarrollo y creación de nuevos públicos para el arte del encuentro que significa hablar, escuchar y convocar la esperanza desde la palabra. Yo agradezco conocer a dos que, para honra y gloria de la palabra, "no son empresa, sino cuenteros" que afirman, contando, que vale la pena creer en la humanidad, que que pase lo que pase, entre todos vamos a conseguir una revolución donde sólo el amor sea posible. Jamädi...

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