Vivimos una época signada por la revitalización del crimen y por la creciente decadencia de la cultura jurídica y del derecho. El robo de combustible, conocido como huachicol, no es un fenómeno nuevo: existe desde hace décadas, pero se volvió masivo y altamente organizado a partir de los años 2000, y eclosionó durante la década de 2010.
Hoy, el escándalo mediático gira en torno a un joven empresario apodado El Señor de los Buques que, amparado en la ley, habría hecho del huachicol una fuente de incalculable fortuna. El caso ha puesto en evidencia la sofisticación de las redes de contrabando y sus vínculos con estructuras logísticas y financieras complejas.
También este controvertido caso ha reabierto el debate sobre la eficacia real de las instituciones encargadas de prevenir y sancionar este tipo de delitos. El crimen avanza con paso de leopardo, mientras el derecho, instrumento para combatirlo, progresa con la lentitud de una tortuga.
Siendo el derecho un fenómeno tridimensional –norma, hecho y valor (ético y de verdad, ya sea demostrable o interpretativa)–, en la práctica se reduce a la dimensión normativa, en la que se responde a la pregunta de qué hay que hacer para lograr un fin determinado, pero no a la del porqué, vinculada con los hechos; ni tampoco suele importar su dimensión valorativa, que exige el auxilio de la filosofía del derecho.
Son muchos los tópicos que deben considerarse para hacer realidad la justicia; el más importante es el perfil del juez, aún no definido. El espacio para su capacitación –no para su formación, que es lo deseable– no es la universidad, sino el juzgado, el tribunal o la Corte.
Desde la cultura jurídica –manera en que una sociedad entiende, valora, respeta y practica ese derecho– y la ciencia jurídica que practican los abogados –que no es la mejor, pero es la que, cuando mucho, llega a las bibliotecas, no al salón de clase– se busca a personas que sirvan para jueces, pero que no tengan preferencias políticas, ideológicas, etcétera, cosa imposible de encontrar, cuando lo que debería hacerse es formar jueces para que sepan controlar sus prejuicios.