Estados

La Paradoja del Fin del Mundo

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

Sobre la finitud, la idealización romántica y la paradoja de reconocer lo esencial cuando su pérdida se vuelve inminente.

Existe una pregunta que la cultura popular ha convertido en una de sus metáforas románticas más recurrentes: si el mundo se acabara mañana, ¿con quién elegirías pasar tus últimas horas? 

La premisa parece sencilla: despojados de las obligaciones cotidianas, de las convenciones sociales y de la incertidumbre del porvenir, finalmente seríamos capaces de distinguir lo esencial.

Sin embargo, hay algo cuestionable en esta construcción romántica. 

Presupone que la inminencia de la muerte tiene la capacidad de jerarquizar nuestros afectos, disolver nuestras contradicciones y transformar nuestros sentimientos en certezas absolutas. 

Como si eliminar el futuro bastara para comprender el presente.

Pero ¿elegiríamos a quien amamos o a quien representa la historia que nunca conseguimos construir? ¿Buscaríamos la serenidad de una presencia constante o la intensidad de aquello que jamás pudimos resolver?

La pregunta deja de ser exclusivamente romántica y se convierte en un ejercicio de introspección sobre nuestros deseos, nuestras renuncias y las narrativas con las que justificamos nuestras decisiones afectivas.

Paradójicamente, la fantasía del fin del mundo resulta tan atractiva porque elimina una de las dimensiones más complejas del amor: la duración.

Amar implica convivir con el desgaste, las diferencias y la incertidumbre; elegir incluso cuando la emoción inicial pierde intensidad. 

En cambio, imaginar un amor que únicamente debe sobrevivir hasta el último instante permite suspender todas esas dificultades. 

No habría que negociar proyectos de vida ni afrontar las consecuencias de nuestras decisiones. 

El vínculo sería intenso por su inminencia, absoluto por su brevedad y aparentemente puro porque nunca tendría que demostrar su viabilidad.

Pero la intensidad no constituye, por sí misma, un indicador de profundidad emocional. 

La proximidad de la pérdida puede amplificar el deseo y conferirle una trascendencia inesperada, sin que eso signifique que comprendemos mejor lo que sentimos.

Quizá por eso la pregunta verdaderamente interesante no sea con quién pasaríamos el último día del mundo, sino qué nos impide actuar con esa misma honestidad mientras todavía creemos disponer de tiempo suficiente.

¿Por qué necesitamos imaginar una catástrofe para expresar aquello que sentimos? ¿Por qué la posibilidad de perderlo todo parece otorgarle valor a una presencia que, mientras permanece, tratamos como una constante?

La finitud es una certeza que comprendemos intelectualmente, pero que rara vez incorporamos a nuestra conducta cotidiana. 

Actuamos como si las personas permanecieran indefinidamente disponibles, como si siempre existiera una oportunidad posterior para decir lo que callamos o reparar aquello que descuidamos.

Sin embargo, no hace falta que el mundo termine para que una relación llegue a su fin, una oportunidad desaparezca o una conversación se vuelva imposible. 

La contingencia también opera silenciosamente, en las circunstancias que cambian y en las personas que se alejan sin que advirtamos que aquella pudo ser nuestra última oportunidad.

Tal vez el amor más difícil no sea aquel que elegiríamos durante las últimas horas de nuestra existencia, sino aquel que continuamos eligiendo cuando todavía tenemos la posibilidad de hacer cualquier otra cosa. 

No el que se vuelve absoluto porque ya no queda tiempo para cuestionarlo, sino el que persiste a pesar de la incertidumbre.

Porque imaginar el fin del mundo nos permite simplificar el amor hasta convertirlo en una escena definitiva. 

Vivir, en cambio, nos obliga a aceptar sus contradicciones: podemos amar sin saber permanecer, desear sin ser compatibles y sentir intensamente sin garantizar un desenlace.

Quizá la paradoja no sea que amaríamos de otra manera si el mundo estuviera a punto de terminar, sino que necesitemos imaginar su desaparición para atrevernos a vivir como si el tiempo, en efecto, importara.

Google news logo
Síguenos en
Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
  • Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.