Que en los pasillos de la Secretaría de Salud estatal las alarmas no sonaron por un brote masivo, sino por la llegada del famoso gusano barrenador, que ya sentó realce en Durango. El primer caso en un ser humano se registró en la serranía de Pueblo Nuevo, específicamente en el poblado de Guayabos, donde un hombre que vivía solo y bajo tratamiento anticonvulsivo —lo que le quitó la sensibilidad cutánea— ni se enteró de cuando la mosca hizo de las suyas en una úlcera varicosa.
Cuentan que el titular de la dependencia, Moisés Nájera, tuvo que salir al paso para calmar las aguas y aclarar que el paciente ya está fuera de peligro tras 48 horas en observación. Sin embargo, el mensaje de fondo dejó helado a más de uno: los expertos del SENASICA prevén que la plaga del gusano barrenador andará rondando el territorio por lo menos los próximos cinco años. Aunque el frío invernal de la sierra prometa dar un respiro al esconder la pupa bajo tierra, la advertencia institucional es directa: no hay que bajar la guardia, hay que fumigar y extremar la higiene en heridas, porque donde haya descuido, la mosca no va a perdonar.
¿Sabe usted qué tienen en común los calendarios oficiales de Durango con un parque de diversiones? Que ambos están llenos de días feriados, o al menos eso es lo que sugieren desde el sector empresarial. Cuentan los que saben que en la Coparmex local ya traen el termómetro al rojo vivo con tanto asueto extraordinario en el gobierno estatal y en las escuelas. Dicen por ahí que el presidente del organismo empresarial, Francisco Esparza Martell, andaba haciendo cuentas y nomás no le salen los números entre tanto descanso y las metas de desarrollo pendientes.
Comentan los malpensados que en la iniciativa privada ya no saben si pedir agenda de trabajo o un calendario festivo para ver qué día sí trabajan en las oficinas públicas. ¿Será que el eslogan no oficial va en camino de ser el “Gobierno de los puentes”?
Que en la ceremonia del “Grito”, este martes por la noche en la Plaza Mayor, de Torreón la Policía Municipal hizo su trabajo y reportó saldo blanco con excepción de unos conatos de riña; los empleados de limpieza que integran La Ola, como siempre, cumplieron cabalmente su labor; el área de logística hizo lo suyo con eficiencia. Pero los que brillaron por su ausencia fueron los de Transporte. Y los taxistas hicieron su agosto aprovechando que eran más de 100 mil los asistentes; doblaron las tarifas y se negaron a usar el taxímetro. Hubo familias que apenas llevaban los 50 pesos que normalmente pagan por un viaje y por más que preguntaban y pedían respeto a las tarifas autorizadas, los trabajadores del volante se negaron a usar el taxímetro y a bajar los abusivos cobros. Total, era excesiva la demanda y nula la presencia de inspectores de Transporte. ¿Y el director, César Armando Alvarado?
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