Que en su más reciente vuelta por La Laguna, el gobernador Manolo Jiménez dejó caer la bomba sin despeinarse y con el aplomo de quien tiene los datos en la mano: este mismo mes de agosto habrá sacudida de mata y varios enroques dentro del gabinete estatal. Como era de esperarse, el anuncio cayó como balde de agua helada entre los funcionarios. Más de uno en la nómina de primer nivel ya empezó a sudar frío, revisando minuciosamente si su escritorio todavía tiene seguro, si sus proyectos pendientes justifican su permanencia o si, por el contrario, en los pasillos de palacio ya les andan preparando las cajas de cartón para la mudanza.
Que sobre las minuciosas revisiones que ejecuta la Auditoría Superior del Estado en el municipio de Torreón, el Góber fue directo, contundente y sin medias tintas: una vez que los auditores terminen de esculcar cada factura, contrato y expediente, se aplicará la ley con todo su peso, caiga quien caiga y sin importar colores o padrinazgos. Para que a nadie le quede duda del compromiso con la rendición de cuentas, advirtió firmemente que no le quitará el ojo de encima a los dictámenes finales. Avisados están todos aquellos que piensen que el tema quedará en un simple trámite administrativo.
Que algunos actores locales anduvieron presumiendo con bombo y platillo su foto en redes sociales durante estos últimos días, nada menos que sonrientes y muy abrazados del exgobernador Miguel Ángel Riquelme. Sin embargo, dicen las malas lenguas de la grilla comarcana que semejante exhibición de afecto no fue precisamente por pura nostalgia o lealtad desinteresada. Más bien, todo indica que algunos ya se cansaron de “vivir en el error” del desempleo político y tienen urgentes ganas de volver a respirar la tranquilidad y las bondades que ofrece la nómina pública.
Que por los rumbos del Ayuntamiento de Torreón, las revisiones internas entran formalmente en su recta final. La lupa viene especialmente dura y tupida para dependencias altamente sensibles como Tribunales Municipales, Tránsito y Vialidad, y Protección Civil. El objetivo central es verificar si sus operativos funcionan como Dios manda o si andan dando palos de ciego a costa de la ciudadanía.
Que al que ya le anda de prisa por brincar de barco es a César Alvarado, actual titular de Transporte. Viendo que a su gestión le queda muy poco aliento, puso la mira fija en la Dirección de Inspección y Verificación. El muchacho no perdió el tiempo y ya fue a “ponerse a la orden” a su virtual nuevo destino. Hay que amarrar el chiquihuite antes de que el maremoto de cambios lo deje sin hueso.
templete@milenio.com