Política

TEMPLETE

Que en Torreón nadie pierde de vista que la elección de diputados locales será el termómetro real rumbo a la sucesión municipal de 2027. Por eso en Morena ya comenzaron las cuentas alegres y también los nervios. El más cómodo parece ser Luis Fernando Salazar, quien ha optado por una estrategia de bajo perfil en las campañas. Dicen los enterados que no es casualidad: si alguno de los candidatos tropieza en las urnas, él quedaría como la carta “natural” del morenismo lagunero.


Que en el PRI el escenario es distinto porque la competencia interna está completamente abierta. Verónica Martínez, Felipe González y Hugo Dávila saben que esta elección puede definir quién llegará con más fuerza a la pelea por la alcaldía que hoy ocupa Román Alberto Cepeda. Cada estructura, cada operación territorial y cada resultado contará. En corto dicen que el mensaje es claro: quien entregue mejores números tendrá mano en la negociación del próximo año. Por eso nadie quiere quedarse atrás ni regalar espacios.


Que en los pasillos políticos de Durango hay quienes ven con cautela el discurso oficial sobre el retorno a la normalidad en El Durazno, porque aunque el Gobierno estatal asegura que existen condiciones de seguridad y que incluso se reactivan comercios y se prevé el regreso a clases, en privado reconocen que la permanencia del Ejército, Guardia Nacional y corporaciones estatales seguirá siendo indispensable por tiempo indefinido. Y es que en Tamazula nadie quiere cantar victoria antes de tiempo, sobre todo porque el mensaje de “normalidad” también busca contener el impacto político y económico que dejó el desplazamiento temporal de familias serranas.

Por eso llamó la atención que desde la Secretaría de Seguridad Pública insistieran tanto en recalcar que hay vigilancia permanente y reuniones directas con habitantes, señal de que todavía se trabaja más en recuperar la confianza que en declarar superada la crisis.


Que el anuncio del posible regreso a clases en El Durazno a partir del próximo lunes no sólo tiene implicaciones educativas, sino también políticas, porque en el Gobierno estatal saben que reabrir escuelas es el símbolo más visible de que intentan recuperar gobernabilidad en la sierra.

El detalle es que algunos actores locales consideran que la apuesta es arriesgada, ya que el retorno de maestros, estudiantes y familias desplazadas será observado con lupa tanto por autoridades federales como por organizaciones civiles. Dicen que detrás del operativo de seguridad también existe la intención de enviar un mensaje de control territorial en una de las regiones más sensibles de Durango, especialmente ahora que el tema de la violencia serrana volvió a colocarse en la conversación pública nacional.


templete@milenio.com

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