Que Amnistía Internacional condenó el hallazgo en Lagos de Moreno como un “crematorio clandestino”. La Fiscalía de Jalisco, en cambio, lo minimiza: no es un horno, dice Blanca Trujillo, sino una pila o bebedero para animales usado de manera improvisada para generar combustión. Mientras tanto, en el predio ya se encontraron indicios biológicos con exposición térmica, fragmentos calcinados y machetes. Las madres buscadoras admiten que aún falta excavar, y que todo indica que bajo la tierra hay más restos sepultados. En Jalisco, tierra de más de 15 mil desaparecidos, un dictamen oficial que habla de “bebederos improvisados” mientras aparecen restos humanos expuestos al fuego no consuela: indigna. Las víctimas no merecen eufemismos, merecen verdad.
Que el papel de la Federación en la protección de zonas federales y cuerpos de agua encuentra buena coordinación en El Salto. La alcaldesa Nena Farías y Conagua Jalisco firmaron un convenio que permite vigilar cauces y detener a infractores ambientales para turnarlos a instancias federales. Es un paso concreto: El Salto avanza en coordinación con la Federación para resolver su rezago en saneamiento de aguas residuales, y Conagua gana un aliado local para hacer valer la ley. Si se ejecuta bien, puede ser de esos acuerdos que sí dejan huella y no solo en el escritorio.
Que en medio del vendaval: Estados Unidos señala a narcopolíticos en Sinaloa, pone bajo sospecha a Baja California y Tamaulipas, y el ambiente diplomático cruje, el Consulado de Estados Unidos en Guadalajara abre sus puertas. Recibe a Pablo Lemus, gobernador de Jalisco; a Indira Vizcaíno, de Colima; y a un enviado de Libia Dennise García Muñoz-Ledo, de Guanajuato. El motivo: conmemorar 250 años de la independencia de Estados Unidos. Los recibe la cónsul general, Amy Scanlon. La invitación: celebrar juntos la libertad, la esperanza y el futuro de la región. Por un par de horas, las tensiones quedan en la puerta. Adentro, brindis. Afuera, el norte sigue ardiendo.