Para desgracia de México, la imperiosa unidad nacional no se logrará mientras Claudia Sheinbaum utilice su tribuna palaciega y demás recursos gubernamentales para injuriar, calumniar y deshonrar a los mexicanos que nos atrevemos a opinar diferente de lo que ella dice, quiere o impone. Su proceder es idéntico al de Tartufo, y es axiomático que un o una gobernante que no respeta a los gobernados no merece respeto, ni puede exigirlo, aunque se pretenda esconder en su género e investidura.
Pero hay algo peor: cuando califica a los disidentes de traidores, corruptos, hipócritas y de todo cuanto le viene en gana, simultáneamente solapa y exonera a su predecesor y a quienes se someten a sus designios, aunque cometan ostentosa y cínicamente un sinfín de delitos.
Hace pocos días se escucharon voces en contra de la supuesta “ayuda humanitaria” del gobierno de México a los cubanos, por estimar que sólo ha servido, durante muchos años, para sostener a una dictadura brutal y asesina. Y eso fue suficiente para que estallara indignada nuestra soberana y rápidamente dividiera a México entre los “mezquinos y los fraternos”.
¿De verdad, ante tal insolencia, todos los mexicanos estamos obligados a permanecer callados, respetuosos y genuflectos?
Son incontables los casos que la denigran como mujer y gobernante, por haberse convertido simplemente en tapadera de bribones, pero hay un suceso que rebasa cualquier lindero: Recordemos que cuando informes oficiales y denuncias ciudadanas descubrieron enormes saqueos durante el pasado sexenio, en el IMSS, Segalmex, Insabi, CFE, Infonavit, Issste, Pemex, Conade, INM, Tren Maya, Dos Bocas, el Indep y otros más (por cientos de miles de millones) incluso el huachicol fiscal, que el propio gobierno cuantifica en más de 600,000 millones, la honesta, incorruptible y veraz PresidentA (con A) se atrevió a decir sin ruborizarse en su mañanera del 27 de octubre del año pasado:
“Ahora andan con la cantaleta de que el gobierno del presidente López Obrador fue corrupto. Bueno, ¿de dónde hubieran salido los recursos para todas las obras públicas y para los programas de Bienestar si hubiera habido corrupción? Pues si hubo un caso u otro, pues no hay impunidad”.
Y lo dijo a sabiendas de que estas obras públicas y programas de Bienestar se fondearon (y se siguen fondeando) en gran medida a través del mayor endeudamiento de México en toda su historia, mismo que estaremos pagando, por muchos años, todos los mexicanos. Y lo afirmó cuando Transparencia Internacional calificó a México como uno de los países más corruptos del mundo.
Ciertamente, toda miseria moral es lamentable, pero si la padece un gobernante resulta trágica.
Algún día llegará a la Presidencia de México el arquetipo de la mujer mexicana que subyace en lo más profundo del ser nacional.