El mes de marzo se convierte en un momento reflexivo para nuestro entorno. Personalmente llevo algunos años mirando más profundamente la situación estructural, social y legal en relación con nuestros derechos.
Nací en Taxco de Alarcón, Guerrero. Desde mi infancia poco escuché hablar sobre los derechos de las mujeres, aún era un lugar altamente conservador y la historia nos colocaba en crecer, casarnos, procrear hijos y estar al servicio de un hogar. Las alternativas de desarrollo personal eran casi nulas.
Así pues en mi historia, como la de muchas de otras mujeres, la vida me fue enseñando que duramente tendríamos que abrirnos oportunidades, sobre todo si en esa construcción cultural seriamos valientes de romper el rol que socialmente se había creado.
Duramente y pasando por cosas que estaban normalizadas, como la violencia en el hogar, bajo el argumento de que “así son las cosas”, hasta situaciones como acoso sexual, si es que en el pequeño espacio empresarial se debía destacar, debíamos tolerarlo; siempre me cuestioné cómo y en qué momento esa historia debía cambiar.
La valentía, el dolor y la soledad a veces se convierten en consejeras de nuestra vida, y es en ese espacio conmigo misma donde me tenía que convencer de ser fuerte, a veces hasta el punto de ser una roca, y tener esa dureza para resistir.
Hoy celebro que las mujeres, sobre todo las más jóvenes, puedan levantar la voz, identificar las situaciones que las violentan y decidir libremente no tolerar más, que tengan esa libertad de ser, de indignarse, de tomar las calles para decir no más, nunca más, ni una menos, no nos callarán.
Hoy, lo que más me identifica de este movimiento que es una marea creciente, es que nunca más tendrán la comodidad de mi silencio. Con creces he aprendido a decir y levantar mi voz, a identificar lo que me incomoda y a expresarlo libremente.
En esa libertad las quiero a todas, nos quiero a todas. Aspiro a que mis nietas crezcan en un espacio libre, que no tengan miedo, y a que mis nietos sepan ejercer una masculinidad abierta, comprometida, solidaria y de respeto.
Quiero que nunca más mi historia de violencia o la de muchas otras mujeres sea el motor de nuestra lucha, por el contrario, quiero que un día juntas, envueltas en color morado, celebremos la libertad.
*Diseñadora y empresaria