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Después del informe

El informe presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum el pasado fin de semana llegó en un momento particularmente complejo para la economía mundial. Las tensiones comerciales, los conflictos geopolíticos y la incertidumbre sobre el crecimiento global siguen marcando el entorno internacional. En ese contexto, uno de los mensajes más relevantes fue que la economía mexicana ha mostrado una resiliencia mayor a la que muchos anticipaban.

Hace apenas unos meses abundaban los pronósticos que advertían un escenario considerablemente más complicado para el país. La desaceleración de Estados Unidos, la incertidumbre asociada a la revisión del T-MEC y la transición presidencial parecían configurar una combinación poco favorable. Sin embargo, la inflación ha continuado descendiendo respecto a los niveles observados tras la pandemia, el empleo formal mantiene una base robusta y el sistema financiero conserva estabilidad.

Los ingresos laborales también han seguido mejorando gracias a un mercado de trabajo dinámico y al incremento sostenido de los salarios. Nada de esto significa que los riesgos hayan desaparecido, pero sí que México llega a esta etapa desde una posición más sólida de la que muchos esperaban. Más aún, varios de los escenarios más pesimistas que dominaron la conversación pública durante el año pasado simplemente no se materializaron.

Precisamente por ello, la pregunta económica más importante ya no parece ser cómo preservar la estabilidad. El reto consiste en convertir esa estabilidad en un mayor ritmo de crecimiento. Durante buena parte de los últimos años, el objetivo fue navegar un entorno complejo sin perder equilibrio. La tarea que viene es distinta: elevar la capacidad productiva del país para aprovechar oportunidades que hoy están claramente al alcance.

Es en este contexto donde adquieren relevancia los proyectos de infraestructura, energía, transporte y desarrollo regional que ocuparon una parte importante del informe. México cuenta con ventajas significativas para atraer inversión y fortalecer su posición dentro de las cadenas productivas de América del Norte. Sin embargo, aprovecharlas exige capacidad de ejecución.

La disponibilidad de energía, la expansión de la infraestructura logística, la modernización de puertos y carreteras y el fortalecimiento de la infraestructura hídrica serán factores determinantes durante los próximos años. El tamaño de esa tarea exige movilizar recursos públicos y privados, y acelerar proyectos que permitan ampliar la capacidad productiva nacional.

Quizá esa sea la principal lectura económica del informe. La estabilidad, que hace apenas unos años parecía un objetivo suficientemente ambicioso, hoy debe entenderse como una plataforma para crecer más. El desafío para los próximos años no será únicamente conservar lo alcanzado, sino transformar esa estabilidad en más inversión, más productividad y mayores oportunidades de desarrollo.

Alfa positivo. Ocho empresas farmacéuticas nacionales e internacionales —entre ellas Abbott, Bayer, Sanofi, Liomont y Neolpharma— anunciaron inversiones conjuntas por más de 21 mil millones de pesos hacia 2030.


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David Razú
  • David Razú
  • Economista dedicado a temas de finanzas, inversiones y previsión social. Director General de Afore XXI Banorte.
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