México acaba de convertirse en el primer país que inaugura una Copa del Mundo de fútbol varonil por tercera ocasión.
Más allá de los récords, se trata de uno de esos acontecimientos que terminan marcando la memoria de una generación.
Con el paso de los años, muchos recordaremos dónde estábamos cuando la selección saltó a la cancha para abrir el Mundial de 2026.
Recordaremos con quién vimos el partido, qué dijimos antes del silbatazo inicial y cómo celebramos los goles.
De la misma forma en que todavía sobreviven las historias familiares sobre las inauguraciones de 1970 y 1986, está jornada quedará archivada en la memoria afectiva del país.
El fútbol tiene esa capacidad extraordinaria de convertirse en un marcador del tiempo.
No sólo organiza torneos y calendarios deportivos, también ordena recuerdos. A veces olvidamos fechas importantes de nuestra vida, pero podemos reconstruir una época a partir de un partido.
El Estadio Azteca lució lleno, tal como estaba previsto. Antes, durante y después del encuentro, miles de personas ocuparon el espacio público.
Unas para celebrar, cantar y tomarse fotografías frente a un acontecimiento histórico. Otras para protestar.
En los alrededores también estuvieron maestras y maestros, madres buscadoras, trabajadoras sexuales y distintos colectivos que en el contexto del mundial, continúan con la demanda del reconocimiento de sus derechos.
Lejos de ser una contradicción, ambas escenas son capas de la misma realidad. La fiesta y la protesta compartieron calles, plazas y conversaciones.
La alegría colectiva no borró las deudas pendientes del país, pero tampoco las demandas sociales tenían el objetivo de impedir que millones de personas disfrutaran un momento especial.
Quizá esa sea una de las lecciones de la jornada. La vida no ocurre por partes. La vida es todo junto.
Podemos emocionarnos con un Mundial, celebrar un gol y compartir la ilusión de una noche histórica sin renunciar a la conciencia crítica ni a la solidaridad con quienes siguen esperando justicia, reconocimiento y dignidad.
El fútbol, después de todo, también forma parte de la vida.
@davidperezglobal