El mapa de la Liga MX comienza a tomar forma y, lamentablemente para el Puebla, el equipo de la Franja cada vez aparece más cerca de los que tendrán que conformarse con mirar la fiesta grande desde casa.
El sistema de competencia mexicano es tan benévolo que prácticamente permite llegar con vida hasta las últimas jornadas. Aquí no hace falta hacer demasiado para mantener encendida una esperanza: basta con que los demás tropiecen y que las matemáticas se empeñen en regalar una oportunidad más. Pero una cosa es tener posibilidades matemáticas y otra, muy distinta, llegar con argumentos futbolísticos para aprovecharlas.
Y hoy el Puebla carece de ellos. La derrota de antier pesa por el resultado, pero todavía más por el momento que atraviesa el equipo de Gerardo Espinoza. Ya son seis partidos sin ganar. Es una tendencia. Es una señal de alarma. Es la consecuencia de un equipo que dejó de sumar de a tres cuando más necesitaba hacerlo.
El calendario tampoco ofrece precisamente un camino de rosas: el Atlas en Guadalajara, los Pumas en el Cuauhtémoc para un partido en el que llegarán ambos equipos sin margen, y los impredecibles Querétaro y Atlético de San Luis. Todos con algo en juego y peleando prácticamente en la misma zona que los Camoteros. Es decir, el Puebla no solamente tendrá que ganar; tendrá que hacerlo frente a los rivales que también están peleando por sobrevivir.
Por si fuera poco, la Franja carga con una diferencia de goles negativa (-4) que puede convertirse en un problema mayúsculo. En un torneo tan cerrado, donde los puntos comienzan a valer oro, cualquier desempate puede definir quién sigue con vida y quién se queda en el camino. Y el Puebla ya tiene una deuda importante en ese departamento porque hay una deuda todavía más preocupante: el gol. Antier Espinoza finalmente apostó por Eduardo Mustre de regreso como delantero titular y le dio minutos al venezolano Luifer Hernández como relevo. Era una de las modificaciones que muchos esperábamos. Se intentó buscar una respuesta distinta, una alternativa arriba, algo que pudiera cambiar la historia.
Pero el problema no está solamente en quién juega como centro delantero, sino en la capacidad colectiva para generar en el eje del ataque y, sobre todo, para concretar. Los jugadores del Puebla no tienen gol en su repertorio. Ni como pase, ni como tiro de media distancia o táctica fija.
El futbol tiene una regla tan vieja como sencilla: sin gol, no hay victorias. Y sin victorias, no hay liguilla. El Puebla puede seguir haciendo cuentas, revisar la tabla una y otra vez y aferrarse a ese maravilloso sistema que mantiene con vida a más de media Liga MX. Todavía hay posibilidades, sí. Nadie puede decir lo contrario, empero, sería engañarnos si confundimos estar vivos en la tabla con estar vivos futbolísticamente.
La Franja todavía tiene oxígeno por decreto del sistema. Ahora necesita demostrar que también puede respirar por méritos propios y el domingo ante el Atlas del dueño de los Pericos, es la última llamada.