En esta nuestra Pachuca mágica estimado lector, también tenemos nuestros pequeños teatros del absurdo, y es que la polémica generada por el alcade Jorge Reyes, luego que le ventilaran un audio en el aque advertía a sus trabajadores que si no compartían sus publicaciones en redes los iba a despedir, ha sido ya de comidilla nacional.
El hecho sería hasta anecdótico si no dejara ver algo más profundo: una confusión entre lo que es propaganda, comunicar acciones públicas y la subordinación laboral, que Don Jorge quiera publicar a los cuatro vientos lo que hace en su administración es totalmente legítimo, pero obligar a los empleados a que lo suban a redes personales ya es otra cosa.
Repito, una administración municipal tiene el derecho a informar pero no a convertir un “like” en ficha de cambio para no perder el trabajo. E irónicamente el impacto mediático fue inmediato, la historia de lo sucedido corrió como reguero de pólvora porque cumple con todos los cánones actuales para viralizarlo: un audio filtrado, una oposición que empezó a replicarlo, indignacion de la gente, burlas y memes.
Y aunque Reyes ya dijo que fue sacado de contexto ya que se trataba de comunicación institucional, no de una exigencia, la primera impresión ya se quedó y para él fue dura: se vió como un alcalde más pendiente de sus métricas que de sus formas.
El costo político tampoco es menor. Pachuca no necesita una autoridad obsesionada con la porra digital, sino con los problemas cotidianos: servicios básicos, movilidad, baches, seguridad, comercio, orden urbano y confianza ciudadana.
En esta ciudad donde muchos trabajadores dependen de empleos públicos, una amenaza de despido, aunque después se matice, no suena a broma ni a estrategia de comunicación: suena a presión, nos guste o no, el trabajador público tiene derecho a pensar, callar, disentir y no convertir sus redes personales en extensiones del boletín oficial.
Nuestro alcalde debe comprender y seguro que esta lección le servirá para eso, que un buen gobierno no necesita amenazar sino trabajar para ganarse el respeto y así el “like” llegará sin necesidad de pedirlo.