Este fin de semana México vuelve a preparar un lugar para sus ausentes: una fotografía, el aroma de copal y el platillo favorito del difunto permiten que la conversación continúe donde parecía haberse detenido. En Hidalgo mi querido lector, estos días nos recuerdan cuánto de nuestra realidad nació alrededor de una mesa compartida.
La Huasteca expresa este vínculo mediante su Xantolo, los altares, los sones, las ofrendas transmiten una manera de comprender la vida y la muerte que las familias han conservado por generaciones, y es que detrás de cada celebración hay personas que enseñan a sus hijos a recordar. Esto es de un valor cultural bien profundo ya que estas fiestas indígenas han estado inscritas en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde el 2008, casi 20 años atrás.
Y bueno esta tradición también mueve la economía, para aquella zona del estado las autoridades prevén una derrama de alrededor de 100 millones de pesos, le aclaro, es lo que esperan, veremos si pasa; hospedaje, gastronomía, artesanías y comercio en general tendrán una oportunidad de ingreso que debe beneficiar especialmente a las familias de la región.
En lo anterior esta la responsabilidad de aquellos que nos gobiernan, deben procurar la buena promoción turística, pago justo a los locales, condiciones dignas y beneficios que se queden para los que realmente los trabajen, el éxito merece medirse por el bienestar de quienes sostienen la tradición durante todo el año.
De este lado en la capital la cosa no será menor créame, tendremos nuestro primer desfile oficial del día de los muertos, caos vial seguro, pero a final de cuentas la fecha lo justifica, deberemos cuidar también nuestra intimidad en los panteones, mantenerlos limpios y procurar participar con el respeto adecuado.
Al final es cierto, celebramos a los muertos, a su paso por este mundo y quizá la pregunta es: ¿Qué seguimos haciendo con lo que nos enseñaron quienes murieron? Quizá heredamos su paciencia, su esfuerzo o una forma de cuidar a los demás.
Honrar su memoria año con año nos permite mantener su enseñanzas vivas y contar sus historias a nuestros hijos, para que a su vez ellos, cuando nosotros no estemos, continúen con el legado.