La aprobación, primero en lo general y después ya con declaratoria de validez constitucional, de la reforma al artículo 127 para limitar las llamadas pensiones doradas es la nota relevante lector mío, porque pone tope a jubilaciones de ex altos mandos de empresas públicas para que no rebasen la mitad de la remuneración presidencial. En 2026 ese techo equivale a 67 mil 145 pesos netos al mes, tomando como base los 134 mil 290 pesos netos que percibe Doña Claudia.
La narrativa es potente porque exhibe un exceso obsceno: el Estado pagando retiros de rey en un país que vive con salarios de sobrevivencia y más hablando de Hidalgo donde se sabe, viven algunos reyes sindicales de la famos “extinta”.
Ahí es donde la reforma deja ver su verdadero filo, en el caso de Luz y Fuerza del Centro. No hablamos de una anécdota aislada, sino de una estructura de privilegios incubada durante años. De acuerdo con información publicada en marzo, más de 700 ex directivos y altos mandos de la extinta LyFC reciben pensiones de entre 350 mil y un millón de pesos mensuales,así como lo esta leyendo usted, una verdadera grosería y es que estos números no hablan de una jubilación, sino de una maquinaria generadora de dinero solo para unos cuantos.
Se lee bien, aunque hay un pequeño detalle, la reforma no golpea parejo.Le cuento que en LyFC sobreviven 14 mil 73 ex trabajadores y, entre ellos, cerca de 60 ex sindicalizados con jubilaciones millonarias quedarían fuera del recorte porque sus beneficios derivan de la contratación colectiva. Es decir: la reforma le pega al mando de confianza, pero no desarma por completo el andamiaje de privilegios protegido por esas famosas cláusulas sindicales. En otras palabras si el ataque al abuso es real pero aún no se puede decir que se acabará debido precisamente a ese fuero contractual.
Nuestro gobierno calcula que el ajuste a pensiones generaría ahorros por 5 mil millones de pesos al año. Suena bien en el papel, porque para el caso de Luz y Fuerza por ejemplo, retrata una verdad incómoda: México no sólo heredó empresas quebradas, también heredó élites jubiladas.
Élites que como le digo, se pavoneaban sobre todo en Pachuca y Tulancingo, jactándose de, según ellos, de haberle quitado una enorme “tajada” al gobierno, tajada que era cubierta con nuestros impuestos y que ahora parece dejará de ser así.