Política

El dilema del color

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  • El dilema del color
  • Daniela Rico

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El color se reconoce antes que un nombre. Coca-Cola, Ferrari o Sabritas se identifican a distancia porque una tonalidad activa la memoria antes de leer el logotipo. La política utiliza el mismo recurso: el rojo, el azul o el guinda comunican historia, pertenencia y posición frente al poder.

Durante años, el rosa mexicano tuvo un significado institucional. Apareció en campañas, materiales y prendas del INE hasta convertirse en una referencia inmediata para amplios sectores. Ese reconocimiento no fue construido por una persona ni por una organización política, sino por una institución pública con presencia nacional y recursos públicos.

Las movilizaciones convocadas bajo la consigna «El INE no se toca» retomaron el rosa como emblema. La Marea Rosa se presentó como defensa ciudadana de la autonomía electoral. José Woldenberg participó como orador en 2022 y Lorenzo Córdova, después de concluir su presidencia en el INE, se convirtió en una de sus voces más visibles.

La frontera cambió el 19 de mayo de 2024, cuando la Marea Rosa respaldó a Xóchitl Gálvez y Santiago Taboada, candidaturas de PAN, PRI y PRD. El movimiento que había tomado el prestigio del INE para defender al árbitro entró en la competencia y puso esa identidad al servicio de una opción electoral.

El tránsito continuó con SOMOS. En el nuevo partido confluyeron dirigentes opositores y exfuncionarios electorales como Edmundo Jacobo, Marco Baños y René Miranda; Lorenzo Córdova se incorporó a su consejo consultivo. También conservó el rosa que ya acumulaba reconocimiento como símbolo de defensa del INE. Una identidad institucional se convirtió así en capital partidista.

La decisión electoral no eliminó el problema. Ordenó retirar la palabra México y las siglas MX, y posteriormente rechazó su sustitución por la silueta de la República Mexicana. SOMOS mantuvo el rosa, el elemento con mayor carga emocional y capacidad de reconocimiento.

El dilema no consiste en determinar quién puede registrar una tonalidad, sino en preguntarnos si quienes dirigieron el INE o hicieron carrera dentro de él pueden trasladar un símbolo institucional a una fuerza que compite por el poder. El INE pertenece a la ciudadanía, no a sus expresidentes ni a sus exfuncionarios.

El riesgo se vuelve concreto en las casillas. Si representantes, observadores, visitantes o simpatizantes vinculados con SOMOS se presentan vestidos de rosa, pueden ser tomados por personal del INE. La confusión también opera en sentido inverso: si el personal institucional conserva ese color como elemento dominante, puede ser asociado con el partido.

No se trata de prohibir colores ni de limitar la vestimenta. Se trata de proteger la frontera visual entre el árbitro y los competidores mediante prendas, logotipos y acreditaciones inequívocas. Cuando el color del INE identifica a una fuerza política, la discusión deja de ser estética: afecta la percepción de imparcialidad y la confianza democrática.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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