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Lula ganó Brasil; Flávio eligió Estados Unidos

  • Mirada Latinoamericana
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  • Daniela Pacheco

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“Nunca pensé en salir del país. Voy a entregar mis pasaportes”, dijo Flávio Bolsonaro apenas el lunes en un video. Ayer martes huyó a Estados Unidos. Le duró poco eso de ser “el último obstáculo del proyecto del PT”. Casi sesenta millones de brasileros y brasileras votaron por él, pero ni ese respaldo le alcanzó para asumir la responsabilidad de encabezar la oposición. Quería conducir un país y terminó dejando a sus propios seguidores sin “dirigente”. Para pedirles el voto hablaba de salvar Brasil; después de perder, su prioridad fue salvarse él.

Habrá quienes caigan en la narrativa del perseguido político. Un perseguido cuyo partido consiguió 121 diputados, seis gobernadores y 29 de los 81 senadores, la mayor bancada de la Cámara alta, casi tres veces la del PT. Una fuerza parlamentaria muy considerable para hacerle una férrea oposición a Lula, negociar con otros partidos y dificultarle el nuevo mandato. Perdió la Presidencia, pero estaba muy lejos de haber perdido el poder.

Lo respaldaba, además, la bancada del agronegocio, que reúne a más de la mitad de los integrantes de ambas cámaras. Su campaña ya registraba gastos por 105.4 millones de reales —unos 19.8 millones de dólares— antes de la segunda vuelta, incluidos 18 millones de reales —unos 3.4 millones de dólares— para promocionar contenidos digitales. Tenía también el apoyo de influyentes dirigentes evangélicos y, después de perder, el Gobierno de Trump anunció que lo recibiría junto con su familia. ¡Con semejante desamparo, cualquiera acaba en Estados Unidos!

Flávio Bolsonaro corrió hacia el norte con varias investigaciones detrás. Desde julio, estaba incluido en el expediente sobre el financiamiento de Dark Horse, la película sobre su padre. Se investigan posibles delitos de lavado de dinero, evasión de divisas y corrupción relacionados con los recursos aportados por el banquero Daniel Vorcaro. La investigación también alcanza a Eduardo Bolsonaro, su hermano, como posible beneficiario de parte del dinero.

En otro expediente, la Policía Federal investiga sus vínculos con el abogado Willer Tomaz por presunto lavado de dinero y evasión de divisas. Según un informe policial recogido por CNN Brasil, Flávio figuraba como usuario con amplias facultades de acceso y gestión en una cuenta de la empresa Alcazar Holding, vinculada a dicho abogado.

El papel de perseguido político también le exigió total amnesia sobre sus aliados. Flávio hizo campaña con Sergio Moro, el juez que condenó a Lula y cuya parcialidad en el proceso del tríplex fue reconocida por el Supremo Tribunal Federal, que anuló sus decisiones en ese caso. Lo presentó como su “amigo” y celebró que compartieran proyecto político. Moro y Deltan Dallagnol, exfiscal del caso Lava Jato, llegaron a organizar la movilización de siete partidos para respaldarlo.

Entre los aliados de Flávio también estaba Milei, que con su reacción a la derrota dejó bastante claro cuánto respeto le merece la voluntad del pueblo brasilero. Antes de la elección llamó a Lula “zurdo ladrón”. Viajó a São Paulo para respaldar a Flávio y dedicarle más insultos al presidente brasilero, pero después de su victoria, hasta ayer por la tarde, seguía sin reconocer el resultado.

Trump también aportó su conocida generosidad democrática. “No tomé partido, pero pareció otra elección amañada”. Se nos olvida que cualquier elección en América Latina necesita el certificado de la Casa Blanca para que su títere de turno sea válido como presidente.

Tampoco olvidemos el intento de golpe de Estado. Jair Bolsonaro, su padre, fue condenado a 27 años y tres meses de prisión por intentar impedir que Lula asumiera la Presidencia después de ganar las elecciones de 2022. El bolsonarismo ya había mostrado hasta dónde estaba dispuesto a llegar para conservar el poder. Ahora pretenden dar lecciones sobre democracia, las mismas que se pasan por el arco del triunfo cuando les estorban.

A los Bolsonaro y a la derecha les importa un bledo la suerte de los pueblos. Los necesitan únicamente para ganar elecciones y ponerle un poco de legitimidad a los intereses de siempre. Flávio Bolsonaro tenía casi sesenta millones de votos para hacer oposición. Sus seguidores y seguidoras se quedaron en Brasil, con los mismos y gravísimos problemas que él prometía resolver. Seguramente, desde alguna mansión en la Florida, los acompañará a la distancia en su cruzada democrática. Él ya hizo suficiente.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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