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Miércoles , 24.04.2019 / 23:58 Hoy

Sobre la mesa

El Tepopote, la ciudad y la planeación

Daniel González Romero

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La historia de las sociedades humanas es una larga secuencia de superación de problemas e incertidumbres. Para la permanencia de la especie se ha pasado por y sobrevivido catástrofes naturales, epidemias, colonialismos, guerras y dictaduras, poderes que nacen y se disuelven, egoísmos y codicias. Mucho de todo esto ha sucedido a pesar de percepciones vagas o del conocimiento de condiciones y situaciones críticas que anunciaban, entre controversias, que lo predecible se convertiría en algo real. En el presente, luego de casi un siglo de crecimiento de las urbes, ahora globalizadas, ha germinado un amplio consenso acerca del papel de las ciudades como futuro de la humanidad y su huella sobre el planeta. Las ciudades, sobre todo las hoy consideradas metropolitanas, son territorios victimas de intereses especulativos inmobiliarios a gran escala. Gran parte del problema del cambio climático; efecto de la concentración en la atmosfera terrestre del CO2, causado por la combustión de carbón, petróleo-gasolina-diésel y gas, deviene de las urbes. Sumadas otras formas de contaminación ambiental que aportan al problema del calentamiento global. De ahí la importancia de los bosques y su conservación.

Desde hace tiempo se ha vertido una intensa actividad institucionalizada (invadida de intereses y discursos), de cifras y estadísticas, para sustentar y orientar un modelo de planeación urbana cómplice, al servicio del sistema, que no ha resuelto el caos y la manifiesta desigualdad espacial y de calidad de vida. Se vive el resultado de la época del arrebato de una modernización industrial dependiente que ha dejado sus efectos en las ciudades, y ya los de una sociedad convertida en consumista, en crisis. Se reconoce el problema del empobrecimiento social y ambiental y el deterioro cualitativo del planeta, mientras se trabajan tras telones acuerdos sobre el uso del suelo urbano. El incendio del cerro del Tepopote puso sobre la mesa lo que pasa con la propiedad de los terrenos. Aparece el contubernio público-privado, mientras al mismo tiempo se hace notar la propuesta descontextualizada de la planeación urbana, que ha alimentado una urbanización masiva y la apropiación especulativa del territorio.

En Cumbre de la Tierra, en Rio de Janeiro (Medio Ambiente), 1992, se llegó a un acuerdo por parte de los países ricos para eliminar, gradualmente, la emisión de gases de efecto invernadero. Luego han pasado tres acuerdos Hábitat (Vancouver, Estambul y recientemente Quito). Ahora, en 2017, nos preguntamos sobre el daño producido por la civilización humana y el límite posible para alcanzar la sostenibilidad. Mientras tanto, la Planeación Urbana y –se supone- Territorial, se sigue haciendo de la misma manera que se ha hecho por más de un siglo, a pesar del discurso. Veremos quien, como y con que se festeja el 21 de abril, en recuerdo de un día del año 1996, cuando se declaró instaurado el Día de la Tierra. Mientras, esperamos se podrá ver claridad entre la contaminación causada por el incendio del Tepopote. Esperar si aclara Pensiones del Estado. Y veremos si se encuentra la madeja cómplice de intereses pero, sobre todo, saber quién responde por los procesos y hechos. ¿O será que aquí no pasa nada y se da otro ejemplo de impunidad?

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