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Jueves , 25.04.2019 / 19:32 Hoy

Sobre la mesa

El proyecto inmobiliario metropolitano

Daniel González Romero

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Ha venido sucediendo, no recientemente, lo que pudiésemos pensar son previsiones adelantadas que algunos grupos o personas hacen, con sentido político, por aquello de no perder o quedar fuera de la jugada. Eso, se deduce, es producto de legítimas o a veces sospechosas razones de intereses rentables, de cara a las elecciones del 2018. Lo singular es que en esta cauda se encuentran opiniones con posturas políticamente correctas -sabemos lo que es eso en una sociedad como la nuestra. En esto, sucede que muchos de los críticos del pasado reciente, ahora alineados, que cierto es no pecaban de posturas radicales, calificadas de "antisistema", ahora enmudecen y apoyan un ideal a alcanzar en algunas décadas respecto de los planes y proyectos para la ciudad-metropolitana, que se encuentran en los planes de desarrollo urbano (entre otros). Recordamos que algún lugar escribió Benedetti, "la oscuridad del abismo no es cualquier oscuridad, tiene fondo". Así, lo que viene sucediendo nos lleva a repasar algunos sucesos recientes cuando comunidades y personas pasan a las filas de los políticamente incorrectos. Lo cierto, por lo general, es que no es nuevo que los planes no encajen con el discurso. La planeación de lo metropolitano no sirve en el papel como dibujo o texto. Especialmente si se sigue haciendo planeación con la que se dibujan, se asignan –previamente– y se ubican los intereses del capital y los de índole política. De ahí que las protestas que se vienen dando por parte de diversos colectivos sociales, de comunidades ciudadanas organizadas: la presa de el Zapotillo, el Parque de San Rafael, el parque Liberación (el Deán), el problema del Agua y los intereses privados (trasnacionales detrás de esto), las edificaciones en altura sin las previsiones necesarias de futuro para evitar insuficiencia y caos, entre otras, se derivan de lo que comienza ser evidente. El denominado POTmet y los planes que se aplicaran desde los ayuntamientos, no es-son ni más ni menos que parte de un proyecto de carácter esencialmente inmobiliario que conlleva cuantiosos intereses privados y políticos (no todos son nocivos). La consecuencia es, como viene pasando, que proyectos y obras sigan esa vía a como de lugar, por aceptación controlada o por imposición. Ya veremos como se da finalmente la peatonalización del centro por avenida Alcalde-16 de Septiembre. Todo lo que comprende un proceso territorial complejo, en donde la ciudad es la utopía y lo urbano el conflicto permanente entre cuya realidad contextual siempre se representa –cada vez más el futuro–, hoy rebasa las intenciones planificadas, especialmente si no se toma en cuenta que el proceso territorial abarca extensiones regionales que comprenden estructuras ambientales y de recursos que son indispensables entender desde una postura diferente, e involucra también a ciudadanos y comunidades. Dejar atrás la consulta manipuladora (por ejemplo), tratar nuevos métodos de planeación y toma de decisiones que no sigan la ruta de lo ya aplicado cuyos resultados nos han llevado a la crisis en la que se debate el proceso urbano-territorial y ambiental del país. El tiempo y la realidad ubican el sustento que subyace entre discurso y realidad. Sobre todo cuando se niega la crítica o se pierde la voluntad y la capacidad de dialogar y con ello se abandona la esencia de ser gobierno. Cuando se recurre a las frases facilistas; como aquello de si no la hago me voy, no es otra cosa que una forma de conllevar y expedir el lenguaje que disfraza el mensaje del autoelogio o la evasión. ¿Dónde andarán algunos los críticos del pasado?

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