Cada vez que hay elecciones invariablemente me viene a la mente Maquiavelo como el artífice del pensamiento político moderno y uno de los grandes teóricos del poder. Casualmente hoy en su natalicio, las campañas electorales se están traduciendo en verdaderas “guerras” y pareciera que todo está permitido. Desafortunadamente las campañas electorales se han convertido en campañas negras donde el fin (acceder al poder), justifica los medios (campañas sucias).
Sin embargo, mi intención no es escribir sobre un personaje (Maquiavelo), que a mi parecer fue piedra angular del cimiento que edificó la ciencia política (más allá de discutir sí la política es una ciencia), sino de la conquista del poder como batalla donde los políticos (Maquiavelo nos dice que sólo entre 40 o 50 ciudadanos aspiran dirigir una república),centran toda su energía, inteligencia y mañas en gobernar.
Y hablando de batallas en Coahuila, Nayarit y el Estado de México se dan con todo más allá de la propuesta. El discurso y la oferta política pareciera es lo de menos cuando se tiene una elección presidencial en puerta y todos los actores políticos apuestan a las elecciones de junio próximo. Los comicios del 2018 seguirán la suerte de los de junio de este año; y con el permiso de mis colegas amigos civilistas: “Accesorium sequitur principale”.
En una campaña: ¿Todo se vale?
Pareciera que la compra de votos, el espionaje, la conjura y la traición (por mencionar solo algunos vicios dentro de una contienda), son las variables que pesan para el triunfo
Ayer, recordando el natalicio del político florentino desearía como él que las campañas fueran entre príncipes, caballeros, con verdaderos valores como: el orden, respeto, igualdad y prudencia. Es decir, con axiomas de convivencia política en un marco democrático y donde la transición sólo represente, nuevas maneras de gobernar buscando siempre el interés colectivo pues: “No puede haber grandes dificultades cuando abunda la buena voluntad.”
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