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Jueves , 21.02.2019 / 10:24 Hoy

Perfil de mujeres

Laureana

Coral Aguirre

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Luego que el hombre halló arbitrios para legar su pensamiento a la posteridad, en todas las tradiciones de los pueblos atribuye a la mujer un origen inferior o procedente del suyo. Allí tenemos sin ir más lejos, dos de las más conocidas: la mitología que dominó la civilización antigua y la Biblia que ha dominado la civilización moderna. 

Laureana Wright



En el epígrafe, Laureana Wright (1846-1896) se refiere, naturalmente, a Pandora, enviada a la tierra por los dioses para hacer desmanes entre los hombres, y a Eva, quien se erige como pecadora no por haber querido alimentarse del árbol de la sabiduría sino por tentar a Adán a través del sexo, y no por el conocimiento del cual se había apropiado.

La fama de esta intelectual debiera ser semejante a los hombres de su tiempo, como Ricardo Palma, su amigo, sin embargo, apenas se la conoce como directora de la revista femeninaVioletas del Anáhuac, y tampoco por su escritura imperiosa y notablemente feminista. Lo digo con conocimiento de causa porque desde que llegué a México, al buscar huellas de la mujer decimonónica, pude saber de ella pero no de su condición de escritora. Sólo en estos tiempos y por el tipo de investigación que realizo, he vuelto a topármela y he reconocido la dimensión de su pensamiento y el valor de su escritura.

Laureana proviene de padre americano y madre mexicana, y por azar nace en Taxco, donde sus padres se encuentran temporalmente a causa de la explotación de una mina de su propiedad. Por lo tanto su infancia, que transcurre en México, está rodeada de fortuna y privilegios. También su educación, a pesar de la falta de escuelas para niñas, es esmerada, puesto que su propio padre se ocupa en que reciba la mejor formación privada, así como el estudio de lenguas extranjeras.

Antes de los 20 años escribe sus primeros versos con el fervor patriótico surgido en una gran parte de la sociedad por el imperio que Maximiliano de Austria se propone instalar en México. Su boda al año siguiente, con Sebastián Kleinshans, pareciera distraerla de su vocación literaria. Por ese tiempo da a luz a su única hija. No obstante pronto se reintegra a su hábitat natural, el universo de los intelectuales y ellos, admirando su talento, la invitan a partir de 1869, tanto a sociedades científicas, como a liceos de gran prestigio, en su carácter de socia o miembro honoraria. Se trata de escritores y pensadores de la talla de Manuel Acuña o Ignacio Ramírez, entre otros.

Del mismo modo comenzará a ser vista e incluso dará conferencias y pláticas en las veladas literarias más importantes de la ciudad, también a demanda de los escritores que la aprecian. Ejemplo de ello es su participación en la velada en honor del poeta cubano Juan Zenea, donde comparte su ponencia con la de Ignacio Manuel Altamirano. Poco tiempo después lo hará a la vera de Guillermo Prieto. Es durante este período que su andar se bifurca en la profesión de periodista. No sólo participa en revistas y periódicos de la época sino que se decide a fundar un par de ellos.

Mientras tanto su desenfado molesta a la élite por algunos de sus textos y poemas que resultan escandalosos por la libertad de su palabra. Y más adelante, según sus contemporáneas, está a punto de verse obligada a dejar el país por su ácida crítica política. Lo cierto es que debe dejar la redacción de El Diario del Hogar, que según su decir, contenía las ideas más avanzadas del país.

Por fin se ve agasajada a partir de 1880, la época más fructífera y halagüeña de su vida, pues dirige la revista América literaria y el semanario femenino Violetas del Anáhuac, donde ha de explayarse a su gusto. Con más de setenta años de diferencia, se adelanta a Rosario Castellanos para criticar a las mexicanas y darles lecciones de integridad ética, al mismo tiempo que deplora su carencia de educación. Así una y otra vez a través de sus artículos pondrá el dedo en la llaga respecto de la existencia precaria de las mujeres de su tiempo tomando como ejemplo sus perfiles a lo largo de la Historia. Convencida que es el periodismo donde las mujeres pueden hallar un lugar de expresión y crítica, insiste en la difusión de revistas y periódicos que contribuyan a hacerlas más lúcidas y realiza verdaderas cruzadas de lectura en pro de su formación. También crea un centro de apoyo a las obreras para que allí puedan dejar a sus hijos durante la jornada laboral.

En los noventa escribe y publica La emancipación de la mujer, por medio del estudio su obra más importante según mi opinión, por la certeza de sus argumentos y la audacia de sus alcances.

Laureana muere a los 50 años. Hasta la última hora no dejó de trabajar como periodista aunque ya no ocupara la dirección de Violetas…y en ese umbral terminó su Antología de Mujeres Célebres. Demostrando una vez más que somos nosotras las que hemos ido siempre en busca de nuestras madres y hermanas mayores, estudiando sus vidas y haciendo honor a sus trabajos y sus días, para recordarlas y aprender de ellas en el presente.


coral.aguirre@gmail.com


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