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Qué podría salir mal

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  • César Romero

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Supongamos que la señal radiofónica descubierta a principios de mes y originada en el planeta “Beta Pictoria b” localizado a 63 años luz de la tierra no es el anuncio de una invasión contra la Tierra. Supongamos que cuando llegue el momento en que la inteligencia artificial tome el control del mundo, no concluya que los humanos somos la mayor amenaza para el planeta. Supongamos que, antes de eso, nadie deje los botones nucleares al alcance de líderes megalómanos y llenos de odio. Supongamos que la próxima pandemia y/o desastre natural no nos agarrarán como “al tigre de Santa Julia”.

Aun en modo apocalíptico, pero moderado, pensemos por un momento sobre qué podría salir mal, si seguimos en la ruta actual.

Por ejemplo ¿hasta dónde llegará Elon Musk? La inequidad económica entre la inmensa mayoría de la población y un puñado de personajes que controlan industrias completas no es propiamente un fenómeno nuevo. Las condenas al “capitalismo salvaje” vienen desde el Papa polaco (Juan Pablo II) y revelan un problema de profundas raíces.

El tema es el extremo a que ha llegado. A sus 55 años el empresario nacido en la Sudáfrica más racista tiene una fortuna superior al millón de millones de dólares y ya intentó desmantelar el aparato de gobierno de Estados Unidos, invierte en implantes cerebrales y trata de conquistar los planetas vecinos. ¿Qué más se le ocurrirá en, digamos, 10 o 20 años?

Desde una perspectiva más amplia, pensemos en la guerra económica. Si los nuevos dueños del mundo apuestan políticamente por los populismos de derecha y sustituyen el “libre comercio” por el proteccionismo nacional/regional, ¿no resulta lógico esperar que incluso la producción de alimentos y hasta la propia ciencia médica terminen siendo utilizadas como armas?

¿Y los “avances” en materia de “defensa”? La mayor integración de Silicon Valley con el Pentágono puede considerarse como una buena noticia ¿desde qué perspectiva? La modernización de la industria bélica alrededor del mundo solamente aumenta la tentación de interrumpir el ciclo actual de ocho décadas sin guerras mundiales.

Pensemos por un momento en un tema bastante más limitado, las comunicaciones. Hoy que gobiernos y empresas usan las tecnologías más avanzadas para construir narrativas con poco o nulo asidero con lo que podríamos denominar “el mundo real”, ¿qué podemos esperar un par de generaciones hacia adelante?

Que la industria de los medios tiene como principal objetivo la obtención de ganancias a partir de la producción de entretenimiento ya no debería sorprender a nadie. La tendencia global de los últimos lustros ha sido hacia la concentración de empresas, contenidos, marcas, e historias en conglomerados cada día más poderosos.

Como con los comics y su universo Marvel versus el universo DC, tanto las megaempresas como las herramientas más poderosas (la social media) construyen audiencias cada día más grandes y que superan por mucho los viejos mercados nacionales y las culturas populares. Ahí ¿qué podría salir mal?

Más o menos desde siempre reconozco en mí una debilidad más o menos seria: un optimismo endémico que me ha llevado a ver casi siempre el vaso medio lleno, incluso reconocer “virtudes” en fenómenos como el crecimiento de la población mundial o el aumento en la expectativa de vida respecto a nuestros padres y abuelos.

Sin embargo y para fines de esta reflexión, me parece bastante claro que también somos testigos de importantes fracasos, en incluso retrocesos. Por supuesto la acelerada depredación de la naturaleza. También el franco deterioro de buena parte de los sistemas democráticos que ya creímos haber alcanzado. Los retos son enormes incluso en nuestra convivencia social y los valores que guían nuestras conductas cotidianas.

Por supuesto que alcanzo a comprender que el ajuste de perspectiva tiene que ver con factores tan básicos como el paso del tiempo. Por decirlo de alguna manera, desde el señor Trump (que nació en 1945) hasta quienes vivimos la década de los 60s, tenemos razones de sobra para mirar la vida hacia atrás. El tema es que somos mayoría.

No se trata de añorar el paquete de valores que nos inyectaba el viejo pensamiento religioso. Ni “los hijos que dios nos mande”, ni la “catafixia” de una vida de sacrificios y explotaciones a cambio de la promesa de un par de alitas en el paraíso del más allá.

Que estamos entrando un ciclo de incertidumbre, caos y confusión más o menos generalizada, me parece hasta obvio. En el nuevo mundo, sin duda muchas cosas podrían salir mal; y seguramente lo harán. Pero las posibilidades de avance también están ahí. En cierta medida el balance dependerá de cada una y cada uno.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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