Hace muchos, muchos, demasiados años que la investigación criminal no es algo que hagamos en México.
Los programas y filmes policiacos estadunidenses, los británicos —siempre los mejores— o escandinavos que consumimos en nuestras televisiones son en comparación a nuestra realidad pura ciencia ficción.
Por muchos años la receta para obtener algunos resultados en la persecución de delitos y su judicialización eran la flagrancia, y en caso de no agarrarlos cometiendo el delito, la tortura para obtener confesiones o delaciones sin importar si eran o no ciertas. Lo sabían policías, ministerios públicos, policías judiciales y jueces.
La reforma al sistema de justicia penal de hace trece años intentó cambiar eso. Algunos estados lograron avances, la mayoría ninguno. No era sencillo el cambio y a él se opusieron muchos, desde adentro del sistema y desde afuera: la mayoría de los viejos abogados defensores odiaron el nuevo sistema de justicia penal.
En el sistema de justicia federal el cambio nunca sucedió y enfrentaron un problema, el asunto de la tortura generalizada se volvió más complicado a la hora de llegar con los jueces, se pusieron algunos límites, nunca suficientes, al arraigo —donde buena parta de los maltratos sucedían— y los jueces comenzaron a ser un poco más cuidadosos con lo que les presentaban.
Tardaron, pero han encontrado el nuevo método. La prisión sencilla y la extorsión para salir.
El nuevo sistema de justicia redujo el estándar para vincular a proceso a una persona, así que ampliando el catálogo de faltas que merecen prisión preventiva oficiosa hoy encarcelan a muchos más. Y las cárceles mexicanas sí son una forma de tortura.
Ya en prisión o con la amenaza de la prisión se utiliza otra figura del nuevo sistema, se desvirtúa, y conseguimos confesiones y delaciones. El criterio de oportunidad.
Por mencionar algunos: Emilio Lozoya, Juan Collado, lo intentaron con Rosario Robles y ahora Emilio Zebadúa; sí, él, quien ahora, pobrecito, está dispuesto a contar lo que sea embarrando a quien sea con tal de no ir a prisión. El cinismo de Zebadúa.
Por cierto, nada de esto tiene que ver con la justicia, mucho menos con “investigar” nada. Eso está en las series y en las películas extranjeras.
@puigcarlos