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Jueves , 18.04.2019 / 23:57 Hoy

Los caminos no vistos

"El último poema de Ernesto Cardenal"

Carlos Prospero

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En la revista Plural número 192 (septiembre, 1987) apareció el último poema lírico de Ernesto Cardenal (1925).

Después de Aparición en Hamburgo ha publicado compilaciones de sus poemas aparecidos en revistas, pero este poema, lírico por excelencia, cierra el ciclo de la poesía con la que se iniciara en Epigramas (Carlos Lohlé, 1963), editado por la UNAM en la colección “Poemas y Ensayos”, diez años antes, según refiere en el prólogo de este poemario Jorge Eduardo Arellano.

Vayamos a los epigramas, reconocidos por aquel que inicia: Al perderte yo a ti tú yo hemos perdido: / yo porque tú eras lo que yo más amaba / y tú porque yo era el que te amaba más.

Aquí, Cardenal habla de una muchacha, Claudia –igual que la Claudia de Catulo y de quien derivan estos epigramas–, el amor de su vida, a la que perdió porque tuvo que irse de Nicaragua luego del fallido asalto al cuartel Moncada que les costó la vida a muchos amigos de él.

Pero realmente su ingreso al monasterio lo deslinda de la vida mundana y así es como definitivamente pierde a Claudia.

La poesía de Cardenal se transforma después de la trapa, por la influencia de Thomas Merton: pasa de lírica a épica.

Desde Hora 0 hasta Vuelos de Victoria, escribe la épica de Nicaragua. Y cuando la revolución triunfa lo nombran Ministro de Cultura y luego Juan Pablo II lo veta para sus funciones sacerdotales, Cardenal se vuelve un viajante por todo el mundo buscando apoyos para su país que continúa en esos conflictos internos que se mantienen tras los cambios estructurales de gobierno.

Cardenal pierde a Claudia cuando ingresa al monasterio, pero en su espíritu ella pervive, y en algunas ocasiones la asimila a la Virgen María, como una sublimación del verdadero deseo escondido en su corazón, el cual finalmente se le revela a la conciencia cuando va a Hamburgo y se encuentra con esa chavala “pelo corto, despeinado un poco, / la de ojos color de uva moscatel… muchacha de 18 años otra vez, / de la misma edad de 30 años antes, / pero alemana, yo supongo, esta vez,/ … ella junto a mí en mi órbita de luz (…) la que yo solté para abrazar lo Invisible (…)”; la encuentra y “Era como si otra vez la perdiera / como si otra vez se me diera y otra vez la entregara”; entonces el poeta, que no tiene opción, se despide de Claudia y de esa poesía lírica, a la que debemos su mejor poesía..

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