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Viernes , 19.04.2019 / 04:17 Hoy

Los caminos no vistos

El Estado contra el arte y los artistas

Carlos Prospero

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1 Quien busca la felicidad es infeliz, pero hoy que el hombre es más consciente de lo que hace puede tomar una actitud y actuarla como si fuera verdadera. Los psicólogos conductistas recomiendan actuar “como si” para irse acostumbrando a ese actuar. También dicen que para “ser” primero hay que “parecer”: primero la apariencia, luego la esencia.

2. Todas las cosas ocurren en este mundo de apariencias, en el que las apariencias tienen una movilidad insospechada, frente a la esencia que carece de movilidad. Incluso nuestras experiencias se fundan en ella, y muchas son tan fuertemente dolorosas y perjudiciales, que se ocultan u olvidan. En ese sentido, mucha gente dice que es feliz para ocultar el dolor que les causa la ausencia de algo o de alguien: aceptar la condición de ser humano puede resultarles terrible.

3. Una tendencia hacia el pensamiento oriental y el de los pueblos originarios de América ha traído una conciencia distinta de la que el catolicismo impuso. Esta conciencia se ha entendido como la “toma de conciencia”, “el reconocimiento de lo que hacemos y la intención con la que lo hacemos”. Los hombres que se han acercado a este modo de pensamiento se han liberado del sentimiento de culpa que significaba “conciencia” en el contexto católico.

Este tipo de conciencia ha facilitado la expansión de la mente. Por ello, todo mundo quiere ser feliz ahora, disfrutar ahora, dejando de lado el concepto de gozo para la supuesta vida después de la muerte. Vivir aquí y ahora tiene fuertes implicaciones sociales como modificar el paradigma social normalizado históricamente.

4. Explicar la sociedad no es transformarla. Hace falta la acción política correcta, pero no la política de Estado, que es más de excepción que de búsqueda del bien común. Los políticos son personas de mentalidad rígida y por ello son contrarios a la mentalidad abierta y liberal de los que hacen arte. La actitud de los que gobiernan es la de un padre que ordena, indica, señala y castiga cuando no se le obedece, actitud con la que define la que deberán mantener los gobernados, entre los que se encuentra los que hacen arte. De lo anterior se puede colegir que el Estado impone a todos un modo de actuar, dentro de un ámbito en el que no existe la libertad, pues toda conducta está regulada por las leyes y reglamentos que el mismo Estado ha elaborado conforme a sus intereses y convicciones, que afectan la libertad que, de acuerdo a la Constitución política general, debe ejercer todo individuo que nació y vive en este país.

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