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Misión universitaria: ¿nota, diploma o aprendizaje?

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  • Carlos Iván Moreno Arellano

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Como profe, ocasionalmente recibo sutiles reclamos por asignar un 95 en lugar de un 100 en mis clases. La pregunta que me hago: ¿qué diferencia en el aprendizaje representa un 95, un 97 o un 100? Francamente no lo sé, y me parece irrelevante. 

El problema es de fondo. Durante décadas construimos un modelo de universidad que se asemeja cada vez más a una transacción: el estudiante entrega tareas y exámenes; la institución devuelve créditos, calificaciones y diplomas. El conocimiento queda relegado. Importa menos comprender que acumular evidencias.

Es injusto culpar solo a los estudiantes. Es la era del fetiche de la nota y del diploma. Cuando una décima determina una admisión o una beca, la calificación deja de ser un indicador de aprendizaje; se convierte en identidad, en destino de éxito o fracaso. La simulación o la trampa dejan de ser anomalías, se masifican.

Por eso la inteligencia artificial ha resultado tan disruptiva. No porque esté socavando el modelo universitario, sino porque dejó al descubierto sus contradicciones. Si el objetivo de un curso es entregar un ensayo, poco importa quién lo escribió. Si la finalidad es acumular créditos, cualquier atajo parece lógico. La IA no creó esta dinámica; solo hizo más eficiente la transacción.

Se habla de una crisis ética y de deshonestidad académica. Ésta existe y se debe castigar, pero no confundamos el síntoma con la enfermedad. La pregunta no es por qué los estudiantes usan IA, sino por qué diseñamos un sistema basado en la entrega de productos y no en experiencias de aprendizaje.

Harvard acaba de reconocer parte del problema. Tras años de inflación de calificaciones, decidió limitar las notas de excelencia en cada curso a solo 20%. Busca devolver prestigio a las máximas notas. Pero una nota no vale porque pocos la obtengan; vale porque representa conocimiento auténtico.

En El mago de Oz, el Espantapájaros pasa parte de la historia convencido de que no tiene cerebro. Al final, el Mago le entrega, no un cerebro, sino un diploma. El papel le devuelve la confianza en una inteligencia que siempre había poseído. 

La metáfora es incómoda. Durante demasiado tiempo confundimos métricas con aprendizaje y títulos con inteligencia. La IA nos obligó a mirar esa contradicción de frente.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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