Cultura

Tapas y montaditos tenochcas

¡Tá bien, tá bien! Para ser franco lo mío, lo mío es la tragazón, el comimiento, la papeada, vamos, el pipirín. Es más, si no fuera tragaldabas sería un fraude, lo reconozco. Por eso me doy un quien vive con cuanto restaurante, cocina económica, tenderete, chiringuito, antro de mala muerte o cantina se me pone enfrente. Por eso y por cuestiones estrictamente profesionales. Ni hablar, es un trabajo duro pero alguien tiene que hacerlo.

En mi papel de gastrónomo investigador (lo que en realidad significa que uno es tragón con excusa académica), consigo darme culinarias licencias poéticas, que después me "panzan" factura, pero eso sí, lo bailado (y papeado) nadie me lo quita. Con esta consigna y el dilema moral de dejar de meterle fruta a la piñata, caí en un lugar donde el reto en el menú implicaba 100 montaditos a elegir.

Un montadito no es otra cosa que una tortita estilo fiesta de parvulitos, sólo que con ingredientes y costo de primer mundo. Bajo la premisa de que se trataba de un bocatto di cardinale, pero con estilo gachupa, y ya que me había sido recomendado ampliamente el lugar, pues que le caigo. Entre la gula y la cercana hora de la comida aparecieron unos "baguetsitos" como de diez centímetros rellenos, el primero, de queso gouda y chistorra, y el segundo de jamón serrano y queso ibérico.

Mi carnalito del alma, El Vakey, no se va a la cama sin su correspondiente lechita y su pan, así haya tragado cual niño "Dios-picio", por eso pensé que el asunto no estaba nada mal como botana, pero había que buscar algo con lo que el cuerpo recibiera lo que merece. Así que dirigí mis huesos a la casita de sololoy en busca de la sacrosanta papa.

Yo no sé si fue la perra hambre, el méndigo calor o qué carambas, pero en el camino me imaginé la versión tenochca de los montaditos, en un local donde reinara en lugar de guitarra flamenca un buen guacarrock de Botellita de Jerez. Que hubiera en vez de chapatas y panecillos cuquis unos bolillos de horno de piedra, y como oferta pa´l paladar un surtido rico de guisados y chuladas culinarias.

Chorizo en salsa verde con su embarrada de frijolianos; queso de tompiate son salsa de chile de árbol; albóndigas en chipotle requetepicosas; pollo deshebrado en mole verde; chiles cuaresmeños capeados y rellenos de queso o de atún; cuitlacoche; flor de calabaza, o hasta esquites. Huevito con frijoles; cabeza de puerco; fajitas de hígado encebollado; costillitas con verdolagas y hasta obispo de Tenancingo.

Montaditos cual tortita de las alacenas del Portal o de La Violeta allá por la calle de Juárez, pero gourmet. O bien tapas donde se prescinda de uno de los lados del pan (que aquí podría ser uno de esos bolillos mamelones de Mexicaltzingo), con ate y queso Oaxaca; o con nata, azúcar y canela; o con queso añejo y miel de piloncillo. ¡Chulada de maíz prieto!

Y sí, salivé y salivé en el camino. Y cómo no hacerlo con semejante canasta de posibilidades. Tanto que al llegar a casa La Mengana hizo su aguda observación: "Si no te amarran por bravo, cariño". "Es que tengo como cuarenta minutos que no pruebo bocado alguno", le dije. Y que me vuelvo a servir.

Google news logo
Síguenos en
Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.