Cultura

Elvis

Si es cuestión de confesar, tengo la fea costumbre de ver películas en fragmentos. La culpa es de la adicción al trabajo. Como para dorarme la píldora y creer que me genero paréntesis de ocio y recreación, me da por poner de cuando en cuando alguna producción que, habitualmente, termina relacionada con el entorno profesional. Así de absurda es la vida de un workaholic.

Por alguna razón que no alcanzo a comprender me cuesta trabajo engancharme al punto de dedicar más de quince o veinte minutos a una historia. Quizá sea consecuencia de andar en modo multitask o de una dispersión propia del déficit de atención, pero la cosa está así. Y desde luego el riesgo de recetarse una peli por partes implica que se pierda el hilo, pero también el ritmo y hasta el gusto.

En este tenor me llevó algo más de una semana ver Elvis, la más reciente historia llevada a la pantalla grande y a la pequeña, pues simultáneamente se puede ver en el cine y en plataforma de streaming. Como confirmé luego en varias conversaciones sobre el tema, al verla hay una percepción que va del interés a la modorra, e incluso al cansancio por el excesivo tratamiento del tema. Por momentos llama la atención la trama, pero luego tiende a perderse hasta resultar intrascendente.

El asunto biográfico me hizo recordar Elvis & Nixon, de 2016, un ejercicio cuya trama resulta un poco más aterrizada y menos difusa. Quizá porque en la concisión posee la obligada virtud de no andarse por las ramas o porque es más riesgoso contar una historia de vida que un fragmento de ella. Mucho más en el caso de un personaje en torno al cual hay una profunda presencia en la memoria colectiva.

Con todo lo que conlleva la ruta crítica a seguir, con verdades a medias o condiciones contractuales limitantes en el argumento, las biopics suelen ser un ejercicio que despierta lo mismo simpatías que aversiones. Ya por su visión ortodoxa o por aquella que desde la distancia respecto a la realidad se nutre de una narrativa más novelada.

En esta lógica que hace mixtura entre ficción y certidumbre, si fuera llevado al cine seguramente tendría buen destino el libro La cantante descalza y otros casos oscuros del rock, de Jordi Soler. En el cuento El oficio secreto de Elvis Presley se aprecia la vocación del autor por hacer de lo existente un estupendo recurso que coquetea con la invención entretenida.

Partiendo de la insistencia del protagonista por encontrarse con Richard Nixon en Washington, dada su preocupación por el camino que la juventud americana estaba tomando, al roce inopinado (en el cuento siguiente) entre el natural de Memphis y Jim Morrison en París, el ejercicio literario es imperdible. Todo en un contexto donde figura un Cadillac amarillo, las canciones de El Rey del Rock en la radio y la efigie de quien era la celebridad más grande del planeta.

@fulanoaustral

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Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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