Cultura

Amor a la cami$eta

Ni vela en el entierro había, lo confieso, pues tengo malos ratos, pero no malos gustos. Miraba el partido Toluca contra América de hace días a manera de zapping nocturno sabatino. De pronto llamó mi atención una imagen que me dejó pensando un rato en el asunto. La camiseta del “álbitro” injusto tenía publicidad en la espalda. Eso podría no sorprender, pues desde hace tiempo se estila que las chompas de los nazarenos tengan algún pegote de la marca deportiva que los viste. Lo relativamente nuevo es que se hayan convertido en publicidad móvil de alguna empresa.

Cualquiera diría que no hay mayor trascendencia en el tema, pero es un hecho que, tratándose del sector que imparte justicia en un campo de juego, idealmente no debería estar ligado a ningún interés comercial. Mucho menos cuando (y esto fue lo que hizo quedarme un rato viendo el bodrio televisado) las camisetas del cuadro amarillo ostentaban el mismo patrocinador. Habrá quien diga que no hay necesidad de ser malpensados, lo cierto es que poco abona la escena a la maltrecha reputación de la Liga M(uy)X.

Que un juez deportivo ostente la misma marca en su uniforme que uno de los equipos a los que arbitra no es sino un conflicto de intereses. En una época en que la indumentaria deportiva profesional se ha llenado de logotipos, este fenómeno no debería entenderse solo como algo propio de la dinámica empresarial que mueve al deporte; y por la cual se hace viable que los clubes gasten tanto dinero a costa de la difusión de marcas que, posicionando productos o servicios, atascan de porquerías los atuendos modelados por los jugadores y consumidos por la hinchada.

Lo usual es que quien haga promoción de algo reciba el pago correspondiente, como ocurre entre equipos, sus deportistas y las marcas con las que se vinculan. Pero hasta ahora no sé de algún aficionado que reciba estímulo alguno por llevar en su pecho algún logo mientras usa la casaca, ya no digamos en la cancha, en su andar por la vida diaria. Manchas comerciales en cualquier zona del cuerpo donde la exposición sea rentable. Para que se beneficien todos menos el comprador de los trapos. Como no sea por haber adquirido un objeto que reafirma su filia por unos colores a precios exorbitantes.

Jorge Valdano sostiene en una entrevista con El País que es la ley del mercado la que obliga a tasar un textil de esa forma. Y agrega que en realidad no es un trozo de tela, sino un contenido sentimental. Más allá del vínculo con las emociones, la idea globalizada de llenar con referencias mercantiles los objetos debería mover a los consumidores a poner un alto a la voracidad de los sospechosos comunes. Ya sea siendo indiferentes al llamado de las marcas que ensucian la afición, disminuyendo la compra de jerseys o, de plano, obligando a los clubes a pensar en estrategias más creativas y menos voraces para hacerse de recursos sin trastocar el amor a la camiseta, ni protagonizar escenas suspicaces.

Carlos Gutiérrez

fulanoaustral@hotmail.com

@fulanoaustral


Google news logo
Síguenos en
Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.