Hace algunos años era frecuente que al conocer a alguien se sorprendiera del tolucense origen de quien esto escribe. No solo por una jacarandosa actitud ante la vida, sino por cierta vocación sociable. Es que la gente de aquí es “como-bien-ay-así”, me decían.
Parte de la razón de adquirir gentilicios ajenos tenía que ver con la cercanía de quien en aquel tiempo frecuentaba. Su chilanguez no dejaba lugar a dudas y supongo que por una suerte de ósmosis lingual acabé adoptando acento capitalino, lo que sea que eso signifique.
Al pensar en ello es natural concluir que los acentos se diferencian a partir de geografías específicas, inercias sociales e hibridaciones culturales, dando como resultado idiosincrasias que se aprecian desde la forma de hablar hasta los usos y las costumbres.
Cada que alguien pretende adoptar un acento distinto del que posee me surge la duda de si, en una lógica de justicia poética, ocurre igual, pero a la inversa. Como actuar un chistecillo de españoles o evocar andanzas argentas en voz de mexicanos.
Algunos especialistas en doblaje hablan del acento neutro, lo que equivale a decir que hay tonos de piel más o menos normales. Por mucho que se quiera desprender del énfasis y la cadencia, las voces corresponden al lugar de donde son y, en todo caso, lo que hay es un tono que se impone a los demás.
Del tema se puede hablar largo y tendido, desde Orígenes de las lenguas neolatinas, el texto clásico de Carlo Tagliavini, hasta cualquier cantidad de referencias en las industrias culturales, como las películas. Al respecto, recientemente se estrenó Granizo, producción argentina que retrata el devenir de un infalible pronosticador del tiempo que se equivoca en una predicción.
Buscando alejarse del escarnio público llega hasta su ciudad natal, Córdoba, donde se reencuentra con su hija. El acento porteño del protagonista, adquirido luego de años de vivir en la capital, contrasta con el cordobés de su descendiente, en un papel encarnado, irónicamente, por una actriz bonaerense.
La cuestión del acento no natural ha supuesto todo un rebumbio, incluso más que el propio éxito de la cinta. Como era obvio, luego de las correspondientes lecturas derivadas de la película, había que indagar en el sentido de semejante quilombo, como dirían en el Cono Sur.
Y el resultado no pudo ser más elocuente. Una serie de videos en YouTube a cargo de @Matzorama, natural de Capilla del Monte, que se encarga de representar con desparpajo el meollo del asunto. La premisa inicial es imperdible: “Hay cordobeses con “má” o “meno” “caaantito”, pero el “caaantito” “etá” y es clave en las recetas de “ete” curso de cordobés”.
Así que a ensayarlo o mínimo a entretenerse con el devenir de la lengua que, aunque sea la materna, no está exenta de variaciones y tampoco de desvaríos.
Carlos Gutiérrez