Hoy inicia el Proceso Electoral Local Ordinario 2026-2027, sin embargo, desde la conclusión del proceso anterior el IEPC no se ha detenido y está más listo que nunca. Esta institución trasciende a los gobiernos y Legislaturas; prevalece por sus procedimientos, sus resultados y un bien público entregado por más de treinta años: la transición pacífica del poder. En Jalisco nunca se ha transmitido el poder de manera violenta desde que se institucionalizó la democracia; pero eso no está dado para siempre.
Y como tal, debemos acordar su permanencia y su cuidado. La pregunta central es si los actores políticos están comprometidos con elecciones seguras e imparciales: ese es el reto central, la lealtad democrática.
La lealtad no es un discurso vacío; se manifiesta en actos concretos. Exige el cumplimiento estricto de las reglas del juego que los propios partidos definieron: precampañas, campañas y fiscalización. Exige aceptar los resultados y renunciar a la tentación desleal de deslegitimar al árbitro mediante estrategias de desinformación. Una noticia falsa o un ataque orquestado, en tiempos del algoritmo, deja una huella difícil de revertir. Ser leal es no cruzar los límites del respeto institucional, la autonomía, el uso responsable de las tecnologías y la no violencia digital hacia las mujeres.
Partimos de una premisa clara: certidumbre en las reglas e incertidumbre en los resultados. Como enunció Adam Przeworski, la democracia es exactamente eso. Nadie sabe quién ganará en ninguno de los 125 municipios ni en los 20 distritos; pero todos conocen las reglas del juego.
Para este proceso electoral enfrentamos retos inevitables. El primero es el presupuestal: no se puede escatimar en la actividad más importante de un Estado democrático. El segundo es entregar resultados con absoluta transparencia, fortaleciendo la eficiencia técnica y la luz pública en cada etapa. El tercero es convocar a la participación como un compromiso colectivo; lograr que el trabajo no sea un obstáculo para votar, emocionar a las juventudes y combatir la desinformación con alfabetización mediática. Por último, no ignoro el reto de la seguridad: debemos blindar en colectivo nuestras elecciones y resistir para recuperar la paz.
Nuestro país y nuestro estado no resisten más discursos de odio, polarización tóxica ni división enfermiza. Como ciudadanía, seamos responsables de nuestros actos: las elecciones que Jalisco merece, serán producto del compromiso de todas y todos; por eso, cada palabra, cada voto y cada decisión que tomemos le darán forma al Jalisco del futuro.