Política

El colapso institucional

  • Columna de Bruce Swansey
  • El colapso institucional
  • Bruce Swansey

Cuando ya no es posible soportar el túnel del invierno, los locales se preguntan por qué la gente se instaló allí. El viento sopla desde Siberia y cala, pero es primavera.

El último latigazo invernizo coincide con elecciones locales en el centro de Dublín, al norte del río Liffey, y en el oeste, en Galway.

En Dublín Fianna Fáil, uno de los dos partidos tradicionales, obtuvo 4 por ciento del voto. En el oeste obtuvo 9 por ciento. La hegemonía del partido se ha erosionado en parte porque su alianza desde la guerra de independencia con la Iglesia ha cesado de funcionar. Las revelaciones sobre la crueldad eclesiástica, el trabajo forzado de generaciones de madres solteras y el abuso sexual de jóvenes expósitos, suscitó una rebelión ética que modificó radicalmente el contrato social.

No sólo eso: el partido, indisociable del gobierno, ha dejado de proveer los bienes que garantizaba a cambio de votos. La crisis de la vivienda es la gota que derramó el vaso de la incompetencia administrativa.

El partido, junto con Fine Gael, su antagonista y socio en el gobierno que comparten alternadamente, se sostienen porque no hay hasta el momento manera de romper el círculo vicioso del duopolio nacionalista financiado por el híper globalismo de sus benefactores digitales y farmacéuticos. Según Fintan O’Toole se trata de un gobierno “gótico” controlado por partidos cuya base se ha erosionado al grado de que continúan con inercia zombi. Lo que a fines del siglo anterior empezaba a dar señales de descomposición, actualmente es un cadáver que se corrompe a la vista de todos.

La alianza con la Santa Madre, la incompetencia administrativa, la incapacidad para resolver la vivienda son tres hitos claves, pero hay otros y uno de ellos es el peso del pasado que durante el siglo XX convenció a los irlandeses de que era imposible cambiar la postración económica del país. La pobreza era endémica y fatal. Un sistema basado en la impotencia paciente pero socarrona es incapaz de planear porque no hay un proyecto que se tienda al futuro. Por ejemplo, el aumento de la población, pero también su envejecimiento. Sin una infraestructura adecuada la población es un grave problema incluso si hay suficiente empleo pero no dónde acomodar a los trabajadores. En cuanto a los viejos, lo mejor que les puede ocurrir es que la eternidad los sorprenda en la esquina. A esta inhabilidad para garantizar infraestructura adecuada se debe que los negocios que podrían haberse instalado en Irlanda a raíz de Brexit hayan migrado a otros países capaces de absorberlos.

Otro factor que subraya la incapacidad gubernamental es el uso del erario público, que por el momento goza de enorme riqueza debido a los impuestos de las compañías norteamericanas que por cierto el factor naranja quiere de regreso. Sin experiencia en administrar la riqueza, el gobierno deja la iniciativa en manos del mercado. ¿Hacen falta viviendas? Allí están las compañías privadas de construcción que volverán a hacer su agosto. ¿Hospitales? Lo mismo. La medicina es un negocio multimillonario. ¿Escuelas? Se hace lo que se puede que no es mucho. ¿Medios de transporte? Para eso los millones del Tigre Celta se invirtieron en autopistas, no para beneficiar al ciudadano de a pie. Según el gobierno, el mercado lo arreglará todo, es una especie de deus ex machina, el gran cernidor que distingue lo viable políticamente de lo necesario socialmente.

Estos problemas han producido el lento colapso de una fórmula que funcionó cuando Irlanda era una república agraria y teocrática, no un miembro de la Unión Europea (UE) cuya presidencia asumirá el primero de julio.

Los proyectos que podrían cimentar un futuro más racional y eficazmente planeado se encuentran en permanente proceso de análisis. La energía eólica que podría ser muy eficaz en una isla barrida por vientos que llegan de todos los puntos cardinales, apenas ha progresado. La incapacidad para cumplir con el compromiso de ajustarse a una energía limpia, fundamental para la supervivencia del planeta, causará multas millonarias por la ineptitud del gobierno que en lugar de actuar, reacciona mediante arreglos y negociaciones que son una aspirina para el cáncer. Es un gobierno hábil para aprender la ignorancia, es decir el acuerdo oficial de que hay asuntos que es preferible desconocer.

El norte del Liffey fue abandonado por sus moradores que cruzaron el río para alejarse de la apretujada y maloliente pobreza de una ciudad dividida. “Ulises”, de James Joyce, sucede en esta parte de la ciudad. Sean O’Casey lleva a la escena esa ciudad que se debate en las aguas turbias del abandono, pero que encuentra una manera de sobrevivir y de hacerse oír. O’Casey es su cronista oficial. Es la clase cuyos descendientes hoy exigen condiciones de vida que no pueden solucionarse mediante el presupuesto destinado a obras “sociales”, es decir a la compra de voluntades. Es una ciudad que resiente la indiferencia que la convirtió, con sus habitantes, a ser el espacio marginal de los olvidados.

En el siglo XXI la situación no es igual, pero tampoco muy distinta. Sus habitantes siguen ocupando el peldaño inferior en un ghetto donde el tráfico de drogas, la violencia sectaria y la falta de oportunidades son las notas que caracterizan un sector social creciente y cada vez más desencantado de Fianna Fáil y Fine Gail, dos partidos que nada los distingue. Si se mantienen separados no es por diferencias ideológicas ni proyectos nacionales distintos, sino por estrategia electoral que ha dejado de funcionar.

Los partidos tradicionales han permanecido demasiado tiempo en el poder. Es un gobierno crónicamente paralizado en la solución fugaz de problemas que nunca terminan de resolver. El hospital infantil es sólo un ejemplo: la entrega ha sido pospuesta 19 veces y el costo ha ascendido fuera de control sin que haya nadie responsable. Dublín es quizá la única capital europea sin metro que conecte el aeropuerto con el centro. El proyecto sigue siendo considerado desde hace 25 años y no hay prisa por realizarlo.

Es una administración anquilosada y reactiva que no ha sido capaz de ofrecer servicios públicos adecuados, críticamente presionada por la crisis estructural de la vivienda, inaccesible para una generación que carece de las oportunidades de sus padres. A cambio de su ineptitud, hasta el momento mantiene la estabilidad social que hace mucho abandonó a otros países.

En cuanto a las elecciones en el oeste, Fine Gael ganó el escaño pero el cuadro es semejante: su socio político no alcanzó siquiera el 10 por ciento de votos, porque no tiene candidatos viables ni proyecto ni transparencia y en efecto es un cadáver ambulante a la espera de ser reemplazado. La falta de una alternativa coherente es el oxígeno que prolonga su estertor en medio del colapso institucional.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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