Ni hoy ni ayer ni nunca es fácil asumir la sola idea de tener un hijo gay. Ni la familia ni la escuela ni la religión asumen su parte de responsabilidad al orillar un hijo a la muerte cuando la barbarie se presenta. Menos será fácil contar a una madre o padre o hermano la historia de ese hijo gay que hoy desapareció de su vida. El hijo gay que prefirió hacer una vida aparte, escondido en la clandestinidad que otorgan las grandes ciudades.
Margarita Sánz es la madre de ese hijo gay asesinado junto a otros gays que podrían ser un hermano, padre, tío: parientes escondidos en la catacumba de un bar, víctimas de un crimen de odio, por homofobia, por intolerancia a lo diferente. No es ficción: fue realidad el 12 de junio de 2016 en la discoteca Pulse, de Orlando, en Estados Unidos: un hombre con escopeta en mano acaba con 49 homosexuales allí reunidos.
El dramaturgo catalán Guillem Clau “inventa” un melodrama donde —al ver las interpretaciones de la Sánz y Alejandro Puente, dirigidos por Alonso Íñiguez—, los ojos se vacían de lágrimas como cataratas del Niágara. Catarsis pura, sin intermedio. Un teatro que te deja sin respiración. Un teatro que imita la vida y la supera como suceso artístico que sana y cura heridas, hayas vivido o no aquella tragedia. O te abres a la experiencia o entonces tu sensibilidad está en los mínimos para un cambio de comportamiento ante el hecho cruento.
La obra se llama La golondrina y se escenifica en el Teatro Milán. La produce Óscar Uriel que, con altibajos, ha logrado seleccionar obras, pensando más en el cambio de comportamiento humano que en el dinero fácil. Mis respetos. Esta vez logra un reparto donde Margarita Sánz lleva el barco teatral hasta las últimas consecuencias. No hay matiz, registro tonal, gesto, silencio, gritos y susurros que su voz no emita y logre tocar las almas del público. La noche del sábado, de pie, aclamamos a la actriz y al actor Alejandro Puente. No es éxito del dramaturgo, son las interpretaciones porque el texto tiene fallas de eso que llamamos desarrollo, nudo y desenlace. Pero vale la pena con todo y errores del drama.
Si tiene un hijo gay usted no se la puede perder. Y si su madre no lo sabe, mejor. La purga es...