Es un animal del teatro. Apantalla su capacidad corporal, gestual, tonal, rítmica y mímica. Un actor sin reservas, 18 años escenificando el montaje dirigido por Alejandro Jodorowsky, su padre, al que no llama papá porque son más que un simple lazo familiar (“Alejandro, todos mis hermanos le decimos Alejandro”, dice). Con la puesta en escena uno entiende por qué inspiró a directores desde sus primeros trabajos en los años 60 y 70. Una dirección vivaz, sin muletillas, amparado en un histrión que supo captar la desolación de la historia de un gorila capturado en la montaña y que, para no vivir en un zoológico, aprendió a comportarse con el lenguaje humano. Lo que descubrió lo sabemos: las sociedades con uso de razón pueden terminar desquiciadas, destruidas por eso que llaman inconsciencia.
Una escenografía pobre: una silla y un atril. Minimalismo donde la selva se escucha en el oído del espectador. Ambientación donde la música es apenas la conducción de sentimientos encontrados entre el actor y el público asistente. Retratos de personajes de la ciencia y la cultura mundiales. Un maquillaje para que el actor represente física y emocionalmente al animal que expresa y sangra cualquier sentido racional. Brontis Jodorowsky tiene una capacidad corpórea brutal, la que exige un simio encarnado en su persona. Conmueve a la risa y al llanto por su desasosiego. Descubre que el humano no es mejor que una bestia. Que vive atrapado en el mundo que lo adoptó, la paradoja.
El gorila la estrenó Alejandro Jodorowsky en México en 1964 con la actuación de Narciso Busquets. Se sigue representando desde entonces con otros actores, entre ellos Carlos Ancira un tiempo, después Humberto Dupeyrón con sentido comercial. Lo de Brontis Jodorowsky es inconmensurable. Es recordar el montaje original de los años 60. Le dijo Alejandro a Brontis: “Por fin encontré a mi gorila”. No miente. Al final, cuando el actor se quita la máscara para mostrar su rostro, es una sorpresa, como si fuera otra persona. Franz Kafka debe estar satisfecho de la adaptación a su relato, vivo y actual.
Ayer terminó la temporada. Lleva más de 300 representaciones de gira desde 2008. Lo que vimos es un testamento de que el teatro está vivo.