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Martes , 23.04.2019 / 09:47 Hoy

La letra desobediente

Breve historia de putos

Braulio Peralta

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Desde la Biblia nos llaman sodomitas. Siglos de vejación, Inquisición y discriminación. Hasta que llegó la palabra homosexual —en 1869— y el mundo heterosexual quiso definir —sin ofensas ni falsa moral—, a esos hombres que aman con hombres, o mujeres, con mujeres. Pero no quedó ahí el concepto, aunque la homofobia es vigente.

Junto a movimientos hippies y feministas surge el término gay: activistas sociales que, desde 1969, enarbolan la bandera del arcoíris y salen a la calle a reivindicar derechos humanos. En el mundo se celebra en este mes la “Marcha del Orgullo Gay”, a propósito de un hecho: en Nueva York —en el bar Stonewall—, la noche del 27 de junio travestis, homosexuales y lesbianas se defendieron con piedras, latas y botellas de bebidas, contra la policía que pretendía sacarlos del lugar, a golpes. El derecho de gays se organizó y la lucha no termina porque continúan asesinatos y prejuicios de la diversidad sexual.

Pero avanzamos con las palabras. Entonces aparecieron diferencias de género: lésbico para las lesbianas, gay para los hombres. Y los bisexuales. Y lo que sume: travestis, transexuales, transgénero e intersexuales, hasta lo queer. Lo oculto por siglos apareció con sus nombres. Así surgieron las siglas LGBTTTIQ. Aunque igual siguen acribillando a nuestra comunidad. Digamos que en las leyes hay un principio de aceptación sobre la diversidad sexual, pero los atavismos de las religiones y prejuiciosos perviven en los menos racionales. Un ejemplo: ¿Qué hacer cuando los políticos —gobernadores, dirigentes de partido o candidatos a presidente— no terminan por acatar órdenes de la Suprema Corte de Justicia para casarse, sin pensar en los sexos?

El movimiento homosexual que surgió en los 70 fue fundamental para que voltearan a vernos. La visibilidad gay se dio en México, en 1978, cuando grupos salieron a las calles a exigir respeto social. Un movimiento que surgió desde la izquierda —comunista, socialista y trotskista—, con los grupos Oikabeth, de Yan María Castro; Lambda, de Xabier Lizárraga, y el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, FHAR, de Juan Jacobo Hernández.

Grupos que siguen trabajando sin partido político de por medio. Ojo: no los representa nadie de la oficialidad. Por eso, 2018 será un año importante para la causa de la diversidad: intentar aglutinar todas las organizaciones a fin de reclamar —como un puño— derechos iguales, sí, pero ya no en la constitución, sino en la vida cotidiana. Exigir la ley y los derechos humanos.

Sin consenso, disenso. Menudo paquete de aquí a entonces… ¡Nos vemos en la marcha!

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