Política

Marx Arriaga y la continuidad 4T con sello propio

Mensajes en apoyo al ex encargado de contenido de los libros de texto. CUARTOSCURO
Mensajes en apoyo al ex encargado de contenido de los libros de texto. CUARTOSCURO

El despido de Marx Arriaga de la Secretaría de Educación Pública no fue producto de un giro ideológico ni de una traición al obradorismo. Fue, antes que nada, el desenlace previsible de un acto de desacato. El funcionario desobedeció instrucciones explícitas de sus superiores y fue removido. Punto. Todo lo demás pertenece al terreno de la interpretación política. Y es ahí donde, una vez más, los extremos se tocan… y se equivocan.

Desde el extremo derecho del espectro político, personajes como Ricardo Salinas Pliego celebraron la remoción del Sr. Arriaga como si anunciara el regreso del viejo paradigma neoliberal: la educación entendida como fábrica eficiente de “capital humano”. Desde el extremo opuesto, el propio Arriaga presentándose como víctima de una supuesta traición del gobierno de Sheinbaum quien, según él, está impulsando un retorno al neoliberalismo en educación. Curiosamente una misma interpretación equivocada, solo que cada uno de los extremos usándola para jalar agua a su molino. 

No hay ruptura con la Cuarta Transformación. Tampoco hay restauración neoliberal. Lo que hay es un ejercicio deliberado de continuidad con sello propio por parte de Claudia Sheinbaum en uno de los terrenos más sensibles de cualquier gobierno: la educación.

Lo dijeron ya la Presidenta y el secretario de Educación Delgado con claridad: la Nueva Escuela Mexicana no se cancela. Se mantiene como orientación central en lo educativo, pero se ajusta. Y esos ajustes son reveladores. 

Primero, una mayor presencia de las mujeres en los libros de texto de Historia. Cambio difícil de objetar en un país donde la narrativa oficial ha invisibilizado sistemáticamente a las mujeres, mismo que es, además, plenamente coherente con la prioridad que Sheinbaum ha dado a la equidad sustantiva.

Segundo, el fortalecimiento de materiales y apoyos pedagógicos en lectura y matemáticas. Otra decisión difícil de criticar. La primera generación de libros coordinada por Arriaga dejó enormes vacíos justamente en los aprendizajes más elementales: comprensión lectora y aritmética básica. No se trató de fallas marginales, sino de déficits en el corazón mismo del sistema educativo.

Sostener, como lo hace Arriaga, que priorizar lectura y matemáticas equivale a someter la escuela a las “necesidades empresariales” exige una pirueta argumentativa extrema. Es el tipo de malabarismo retórico que ha caracterizado su estilo. Pero en el contexto actual, esos discursos no caen en el vacío. Caen en un terreno políticamente complicado.

Ese terreno está marcado por dos elementos principales.

El primero es el momento político. Estamos viendo una aceleración en la reconfiguración del poder dentro del oficialismo: la salida de Gertz Manero, el relevo de Adán Augusto, y otros movimientos dentro de Morena. Todo forma parte del proceso mediante el cual Sheinbaum busca consolidar su mando efectivo sobre un partido joven, poco institucionalizado y aún muy marcado por la figura de López Obrador. AMLO sigue pesando, tanto por adhesiones ideológicas genuinas como por el uso instrumental que algunos actores hacen de su cercanía —real o imaginada— para disputar espacios. En ese contexto, cualquier conflicto se convierte en pretexto para reposicionamientos.

El segundo factor es estructural: el mundo del magisterio organizado. Un universo históricamente atravesado por inconformidades, liderazgos en competencia y disputas por recursos, plazas y posiciones. Siempre ha sido así. Y siempre será un terreno fértil para que ciertos actores intenten capitalizar fisuras en la élite gobernante. Hoy, los más movilizables en torno a Arriaga son egresados de normales rurales y diversos grupos de docentes con demandas pendientes. A ellos se suman liderazgos que buscan construir “terceras vías” entre el SNTE y la CNTE, o posicionarse rumbo a futuros relevos sindicales.

El escenario más delicado sería la convergencia de ambos factores: disputas internas en Morena y agitación magisterial. A eso parece apostar Arriaga. La probabilidad de que esa convergencia cuaje, sin embargo, es baja. El control del SNTE sigue siendo fuerte y su cercanía con el gobierno es evidente. No parece un terreno propicio para una rebelión a gran escala.

Donde su estrategia podría encontrar mayor eco es dentro de Morena. No porque su causa sea sólida, sino porque el partido atraviesa un proceso complejo de reajuste. La transición del liderazgo carismático de AMLO hacia un liderazgo más institucional aún está en curso. Y en ese proceso, sobran actores dispuestos a usar cualquier conflicto como palanca.

Nada indica que la consolidación del mando de facto que busca Sheinbaum en educación o en otros ámbitos implique ruptura con los postulados centrales y la orientación básica del proyecto de la 4T. Lo que sí implica y requiere son ajustes para imprimirle sello propio. Énfasis distintivos en diferentes materias. Flexibilidad y oportunidad para responder al contexto cambiante sin renunciar a los principios de fondo. Y, desde luego, formas de ejecución alineadas con las fortalezas de la Presidenta y su equipo en planeación y gestión profesional y efectiva. 

El episodio Arriaga es una prueba para el gobierno de Sheinbaum. No sobre ideología, sino sobre autoridad. Sobre la capacidad de gobernar sin tutelas, sin chantajes y sin nostalgias o rigideces paralizantes. La 4T no está en riesgo por corregir. Está en riesgo si se inmoviliza. La continuidad exige sello propio, pero este solo será real si se ejerce, no si solo se enuncia.


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Blanca Heredia
  • Blanca Heredia
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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