La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) nació en 1917, justo como reacción a la Constitución actual. El origen de la UNPF es católico. Se inscribe en el catolicismo social que se erige, bajo las consignas de León XII, como una contraofensiva a una modernidad que aspiraba vivir sin Dios. Los constituyentes del 17 formularon el artículo tercero de la Constitución así: “Se garantiza el derecho de los mexicanos a recibir educación, la cual tiene que ser laica, gratuita, democrática, nacional y de calidad. Obliga a la Federación, a los Estados, y a los Municipios, a impartir la educación primaria, secundaria, media superior y superior”.
Los obispos y sus poderosas organizaciones de seglares veían con desconfianza la enunciación. Primero porque la Iglesia guardaba absoluto monopolio en la educación básica y, segundo, la laicidad muy de moda en Francia amenazaba la educación religiosa de la niñez.
La Guerra Cristera (1926-1929) debilitó las aspiraciones católicas que construir un gobierno teocrático. Plutarco Elías Calles, jefe máximo de la Revolución, en un discurso llamado el “Grito de Guadalajara”, el 20 de julio de 1934 hizo la advertencia de que por encima de cualquier fe o creencia religiosa estaban los ideales de la Revolución. En tono enérgico, Calles denunció que la escuela no debía ser refugio de los enemigos de la nueva patria, es decir, de los conservadores y clérigos; quitarlos o expulsarlos de las aulas de clase le daría a la Revolución el triunfo moral que garantizaría su consolidación.
La haría dueña del mayor de los tesoros: la conciencia de los nuevos mexicanos, de los niños y jóvenes. El futuro de la Revolución y del nacionalismo estaba en la formación de las próximas generaciones. La Iglesia era un poderoso obstáculo, por eso Calles radicalizó su postura al enarbolar una educación socialista. Por su parte la Iglesia y sus organizaciones reivindicaban la libertad educativa para que fueran los padres y no el Estado los responsables últimos de los contenidos de la educación de sus hijos.
Mucha agua ha pasado bajo el puente. En 2023, ¿la disputa por los libros de texto pasa por el temor de la Iglesia, la UNPF y del PAN de un adoctrinamiento generacional? O es una nueva artimaña en el combate político hacia la disputa por la presidencia. El PAN, a través de Marko Cortés, pide destruir los libros de texto. ¿Estamos ante nuevos arrebatos de la vieja inquisición? ¡Viva la deconstrucción!