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Lunes , 22.04.2019 / 10:40 Hoy

Nada personal, solo negocios

Siempre al final de la fila

Bárbara Anderson

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“Mire, o pasa usted sola con su hijo o los mando hasta el final de la fila. ¿No ve que le estoy haciendo un favor?”. Eso me dijo hace unas semanas un prepotente empleado del Instituto Nacional de Migración (INM) en el aeropuerto. Llegábamos toda la familia (5) de un viaje de 36 horas, donde llevamos a mi hijo Lucca (con parálisis cerebral) a tomar un tratamiento médico. Un empleado de la aerolínea se percató que había un menor con silla de ruedas y nos adelantó de una fila de 200 personas hasta el mostrador de Migraciones. Nos movimos todos juntos, porque así ocurre en todos los aeropuertos del mundo que hemos pisado. “Solo puede estar la madre y el menor, el resto se queda donde estaba”, insistió, “de nada sirve pasar antes yo sola con él, si igual deberemos esperar afuera y sin comodidades la hora y media que le tocará a mi familia alcanzarnos”, “sino le sirve, se vuelven todos al final de la fila”.

Pelear por lo que corresponde, explicar cuando un derecho no es un favor me pasa todo el tiempo. Uno puede denunciar un hecho, pero la verdad es que toda la estructura de gobierno (federal, estatal, municipal) no tiene el conocimiento, la iniciativa, ni la empatía para respetar a las personas con discapacidad (PcD).

Establecer una política pública al respecto, promover la inclusión y la participación de estos mexicanos en todos los ámbitos de la vida es la función del Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad (Conadis).

Su tarea es (me niego a escribir ERA) polinizar de buenas prácticas sobre discapacidad en el gobierno: desde una ley a un programa, desde una iniciativa a una norma. También debe concientizar a los funcionarios públicos, desde el Presidente hasta aquel empleado mal informado en el aeropuerto.

AMLO ya lo sentenció en una mañanera: “hay un instituto dentro de Sedesol, un aparato administrativo con pocos fondos. Ahora las personas con discapacidad están recibiendo 14 mil mdp, ¿entonces para qué el organismo?”.

La decisión —como muchas otras— no contó ni con la información correcta, ni de las funciones que cumple: Conadis no entrega (me niego a escribir ENTREGABA) pensiones.

Tampoco cuenta con cifras certeras: según Inegi a 2010 (¡9 años!) había 7.7 millones de PcD (un dato largamente discutido y sobre el que difieren muchas organizaciones internacionales que refieren 12 millones). El programa de pensiones lanzado alcanza solo a 1 de cada 7 PcD, siempre y cuando tengan hasta 29 años (los adultos hasta 67 no existen).

Antes de las elecciones, con Katia D’Artigues consultamos a los candidatos cómo hubiera sido su vida con alguna discapacidad. AMLO contestó: “no hubiera podido estudiar. Mi proyecto de vida se hubiera visto truncado”.

Igual de truncas quedan las expectativas de esta minoría porque solo con pensiones (si les tocan) nunca podrán tener una vida productiva, plena y sin discriminación.

barbara.anderson@milenio.com
@ba_anderson

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