La imagino paseando con su madre en el coche, observando la rapidez con la que un incendio forestal se extendía en las inmediaciones de Los Ángeles y dejaba una treintena de muertos a su paso.
La imagino tratando de consolar a su atribulada madre cuando las deudas, el alcohol y el desamor la sumían en la desesperación.
La imagino temerosa, enfrentando una de las recurrentes crisis de pánico que provocaron el internamiento de la mujer y el traslado de la niña al primero de muchos hogares de acogida.
La imagino bonita y sonriente el día de su primera boda, a los 16 años, con un joven policía que representaba la oportunidad de salir de un sistema que la enviaba de un “hogar” a otro, sin preocuparse por su bienestar.
La imagino posando en bikini, pintando su cabello de rubio, fumando frente a unas cataratas, enfundándose en un entallado vestido, asistiendo a un concurrido estreno, transformándose en la mujer más sexy del mundo, en una diosa, en aquello que soñó.
La imagino convirtiéndose en la quintaesencia de la femme fatale, cantando que los diamantes son los mejores amigos de una chica, ya que un beso puede ser grandioso, pero no paga la renta.
Que el tiempo pasa y la juventud se va, y una vez que te inclinas ya no te podrás enderezar.
La imagino leyendo vorazmente, tomando clases que le exigían revivir sus traumas para ser una mejor intérprete, para enfrentarse a monstruos de la actuación a quienes únicamente quería demostrarles que era algo más que una rubia tonta, más que una corista.
La imagino recibiendo una reprimenda por dejar la filmación de una película para asistir a la fiesta de cumpleaños del hombre más poderoso del mundo, como si hubiera podido rechazar la invitación.
Y preguntarse, al final de la velada, con quién pasaría la noche.
La imagino pensando en sus pérdidas y en todo aquello que nunca tuvo.
Unos padres que la cuidaran, un hombre que se quedara su lado, un hijo a quien amar incondicionalmente.
Quiero imaginar una historia diferente para la niña que nació hace 100 años y a la que no hemos podido olvidar.
Azucena.baez@iberotorreon.mx