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Domingo , 19.05.2019 / 09:55 Hoy

Perfil Mexiquense

Ni idea

Armando Ríos Ruiz

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Para algunos políticos mexicanos, desempeñar un cargo significa dejarlo todo desde antes. Significa dormir poco y trabajar mucho. Acostarse tarde y levantarse temprano. Es parte de la obligación de atender los quehaceres inherentes a la pesada carga de trabajo que impone el desempeño en el quehacer público, aunque nada tenga que ver con buenos resultados.

AMLO es una clara muestra. Simplemente, el hecho de estar a tiempo en las conferencias matutinas, aunque sea para hablar de cosas intrascendentes, para hablar mal de sus adversarios, para recordar en todo momento el pasado, a los neoliberales, a la mafia del poder o para reiterar que, a pesar de las críticas, se cansa “gansa” que hará tal proyecto inviable; nos dice que abandona la cama desde muy temprano.

Se ve en los rostros cansados, tristes y a veces somnolientos de algunos funcionarios que lo acompañan a exponer asuntos de su interés. Se nota a leguas cuánto quisieran haber permanecido con la cabeza en la almohada el mejor momento del sueño, en la mañana, justamente antes de despertarse.

Para otros –la mayoría--, la política es un quehacer que ofrece una gran oportunidad de hacerse de enormes ganancias con el menor rendimiento, echando a perder las cosas, desentendidos de su responsabilidad o entregados a la desidia y a la irresponsabilidad y en espera de que otro resuelva los grandes problemas que a veces resultan.

Cuauhtémoc Blanco, el ex futbolista “periodista, actor de telenovelas” y hoy convertido en flamante gobernador de Morelos para desgracia de los habitantes de ese estado; un tepiteño que apenas sabe leer, hecho mandatario principal, que no atina a idear algún mecanismo para contener el tsunami de crímenes en su territorio, pertenece a esta clase.

“No me hables al tiro”… aseguran que dijo molesto en el momento de golpear con el bastón la pelota rumbo al hoyo 17, cuando un empleado le dijo: “señor, se acaba de suscitar una balacera con saldo de un muerto y un herido”, el miércoles pasado, cuando realmente murieron dos y dos quedaron lesionados.

Alguien más se encargó de tomarle una fotografía con su teléfono móvil, que envió al autor de esta columna, en la que se ve al gobernador con el palo en lo alto, en posición de pegar a la pelota de golf.

Las balaceras se han repetido un día sí y otro también y el señor no tiene ni la más remota idea de qué hacer. Claro, pidió al gobierno federal ayuda para resolver el problema.

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