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Miércoles , 24.04.2019 / 12:09 Hoy

Perfil Mexiquense

Los cien días

Armando Ríos Ruiz

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Cuando un empleado hace las cosas bien, nadie lo felicita. Esa es su obligación, suele decirse. Pero cuando comete el mínimo error, no se aprecia como un ser humano que puede equivocarse. Entonces aparecen las llamadas de atención y muchas veces la deposición del puesto.

Andrés Manuel López Obrador cumplió ocho meses encargado del destino de México --desde el primero de julio pasado, que Enrique Peña Nieto decidió abandonar el barco y no dar la cara, más que para asuntitos intrascendentes—, de haber comenzado a dar a conocer trazos de su futura administración.

Formal y oficialmente, ocupó la Primera Magistratura el primero de diciembre y desde entonces se dedicó a realizar cosas vistosamente más malas que buenas, que sus defensores se han encargado de intentar aclarar como si tuvieran su permiso expreso. He escuchado en la radio a muchos que responden a una pregunta: “él lo va a hacer. Va a meter a la cárcel a todos los corruptos...

--¿A Peña Nieto?—Le han preguntado-

--A Peña Nieto…

--Pero si ya dijo…

No importa lo que haya dicho. Ustedes no lo conocen. Ustedes no saben cómo piensa…

Se parecen a los más atrevidos, que envían por montones, mensajes por Washapp, que hablan del Divino Creador y afirman: “Dios me dijo que tus problemas están a punto de terminar…” (¿Me dijo?). Ahora han aparecido muchos que saben interpretar a ciencia cierta al político de Tabasco. Si dice que no enviará a la cárcel a los neoliberales corruptos, porque desestabiliza, por ejemplo, dicha expresión tiene una connotación diferente.

Es parecido a la Biblia. Se sabe que el Libro de Libros está escrito para el subconsciente y que es necesario saber mucho del método gnóstico o cábala para interpretarlo como aconseja Shimon Bar Yojay, aquel rabino que huía de los romanos y se escondió durante 14 años en una cueva, en donde encontró una Biblia y aprendió a interpretarla fielmente.

No dice lo que dice. Hay que interpretarla. El Antiguo Testamento habla de un Dios vengativo, pero se traduce de manera diferente.

En el caso del Presidente de México, también han aparecido los “rabinos” que desde hace algún tiempo, quizá más de 100 días, aprendieron a interpretar que lo que dice y hace no es lo que dice y hace. Ellos, que lo conocen y saben cómo piensa, serán nuestros guías, seguramente.

Les basta escucharlo decir cualquier cosa para captar qué dijo exactamente. Ojalá y escribieran una especie de diccionario.

ariosruiz@yahoo.com.mx


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