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Miércoles , 20.03.2019 / 06:16 Hoy

Analecta de las horas

De parte del emperador muerto

Ariel González Jiménez

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México surgió como nación independiente yéndosenos (a cada rato) de las manos a los mexicanos: se pasó de un desastre a otro vertiginosamente; se cayó en toda clase de veleidades y traiciones de sus nacientes clases dirigentes, se tambaleó hasta perder la mitad de su territorio y sumó deudas y frustraciones.

La cruenta disputa entre liberales y conservadores partió al país y abrió las puertas a la intervención extranjera. En ese momento la idea de patria se asomó con firmeza; unos la abrazaron, otros la rechazaron.

Por más que la mirada histórica suavice nuestra perspectiva sobre el papel de los conservadores en la llegada de Maximiliano, y por mucho que se vea a éste como un liberal ingenuo y bienintencionado, lo cierto es que protagonizó una invasión que costó muchas vidas y puso a prueba a los mejores hombres del país, todos imbuidos del espíritu reformador y convencidos de la grandeza nacional.

En esa empresa colonizadora Maximiliano perdería la vida, y su mujer, Carlota, la razón. Pero por unos cuantos años fuimos imperio y las clases altas mexicanas soñaron con ser un día la realeza ante la cual todos nos inclinaríamos.

Ahora que se cumplen 150 años del fusilamiento de Ferdinand Maximilian Joseph María von Habsburg-Lothringen, tengo a la mano un retrato suyo hecho por el gran historiador Luis González y González: “El archiduque Maximiliano de Austria fue más un príncipe de cuento
de hadas que una criatura de Maquiavelo. Sus maquiavélicos amigos acabaron por llamarle loco. Era romántico. Aun en las cartas dirigidas a Napoleón III sobre asuntos de Estado solía intercalar elogios a la naturaleza mexicana. Creía finamente en la bondad de los hombres incultos, en el buen salvaje de Rousseau y admiraba el arte de los primitivos. Era liberal. Confiaba más en la virtud de las buenas leyes que en la virtud de los buenos caudillos. Compartía también la fe de los liberales en la tolerancia, la educación y la ciencia. Era paternal a la manera de los monarcas de la Edad Media. Le gustaba ser protector de la gente menesterosa, padre de los desamparados, según lo atestiguan los mandamientos que se impuso como norma desde su adolescencia. Pero también era pueril, caprichoso, irresoluto, ‘frívolo, inclinado a refugiarse en las pequeñeces [...] El porte correcto de los trajes y libreas le ocupaban fácilmente semanas enteras’”.

Todo hace pensar que si Maximiliano hubiera nacido mexicano habría formado parte del grupo liberal que buscó modernizar al país en el siglo XIX. Pero esto no pasa de ser una especulación ucrónica que se vale de un ideario que el archiduque, en los hechos, no pudo ni supo poner en marcha, puesto que sus aliados eran, al fin y al cabo, la Iglesia y los conservadores.

La epopeya juarista, en contrapartida, se nutre en gran medida de la idea de que derrotamos militarmente al primer ejército del mundo en ese entonces, lo cual viene a ser verdadero solo parcialmente. La historiadora Erika Pani lo asienta al comenzar El Segundo Imperio (Fondo de Cultura Econónica, 2004): “La presencia militar fue posible solo porque los Estados Unidos estaban enfrascados en una terrible guerra civil. Finalmente no fueron los hechos de armas sobre territorio mexicano, sino las derrotas del sur en la guerra norteamericana y del
imperio austriaco frente a Prusia, las que convencieron a Napoleón III de que era necesario abandonar la malograda aventura mexicana”.

El halo romántico de la pareja imperial es, por lo demás, lo que con mayor éxito ha perdurado de aquella invasión. Eso incluye películas, series y mucha literatura. Entre lo mejor de ésta se encuentra, por supuesto, la genial Noticias del Imperio, de Fernando del Paso. Y en la parte histórica, imposible no tener presente el clásico Maximiliano y Carlota, de Egon Caesar Conte Corti, que no por su devoción hacia la figura del archiduque deja de tener el enorme mérito de valerse de documentos de primera mano.

Entre las novedades sobre el tema debemos destacar la biografía Maximiliano. Emperador de México, de Carlos Tello Díaz (Debate, 2017), que constituye un magnífico acercamiento, breve y puntual, a este fascinante personaje que soñó hacer de nuestro país un imperio.

ariel2001@prodigy.net.mx

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