Desde el 4 de mayo miles de líneas se han escrito en medios comunicación, llámense prensa escrita, radio y televisión, así como en redes sociales, sobre la solicitud formal presentada por Estados Unidos de detener con fines de extradición al gobernador morenista de Sinaloa y a nueve funcionarios y exfuncionarios más, por tener información suficiente que los ubica como protectores y socios del narcotráfico que, en varios casos, deben al crimen organizado haber alcanzado sus puestos al ejercer violencia contra sus competidores, incluidos los secuestros, amenazas de muerte y amenazas cumplidas, pero ante la posición a priori emprendida por la presidenta Sheinbaum y su “consejera jurídica”, Luisa María Alcalde, entraron a escena las reacciones de dos de los indiciados, que prefirieron entregarse al Departamento de Justicia estadunidense.
Y no son funcionarios menores: se trata del exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, un general retirado, y el Secretario de Finanzas de Rubén Rocha Moya. Entre todos los encabezados de los medios de comunicación, ninguno -hasta ahora- había sido tan contundente: “Nos entregamos porque temíamos por nuestras vidas”. Ni más ni menos, los hechos de los protagonistas hicieron polvo las palabras presidenciales de que “como no hay pruebas contundentes, no los detenemos”.
Es evidente que le faltó prudencia a la señora presidenta, que se la pasó pidiendo pruebas en sus “mañaneras” y qué más pruebas quiere que los funcionarios indiciados se hayan entregado. No sólo eso, sino que están dispuestos a revelar lo que saben, porque no es gratuito que el gobierno de Trump los reciba y los proteja, porque eso va de la mano con el valor que tienen como testigos.
A la inquilina de Palacio Nacional se le olvida que hay un viejo y sabio dicho que reza “Ten cuidado con lo que pides, porque puede que se te conceda”, así que quería pruebas, ahora le toca aguantar, y además, esperar las que faltan. Dice la vox populi que desde su escondite, allá en Palenque, el sujeto que es inicialmente la causa de estos problemas que vive nuestro país por su encubrimiento con fachada de “abrazos, no balazos” procuró que de ninguna manera se entregara al gobernador de Sinaloa, pero ya se está desmoronando el terrón.
Esperemos que la presidenta haga algo que los mexicanos le han -le hemos pedido- desde el inicio de su sexenio, que “pinte su raya”…
¡Nos leemos!