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Martes , 21.05.2019 / 02:21 Hoy

Columna de Anthony Wayne

Combatir el crimen transfronterizo con colaboración, no con amenazas

Anthony Wayne

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¿Qué pasaría si México amenazara con un arancel de 25 por ciento sobre el maíz y la soya estadunidenses a menos de que EU impida que las utilidades anuales por la venta de drogas, que se estiman en un rango de 19 a 29 millones de dólares, llegue a los grupos criminales de México? (https://www.ice.gov/doclib/cornerstone/pdf/cps-study.pdf).

O ¿qué pasaría si México amenazara con imponer aranceles a las exportaciones de carne de cerdo estadunidenses hasta que Estados Unidos detenga el flujo ilegal de armas automáticas y municiones a través de la frontera compartida? (https://www.apnews.com/f06086d8ed88450082ef9b8a403d4637).

Los agricultores no apreciarían mucho la pérdida de ventas en su tercer mayor mercado de exportación (https://www.fca.gov/template-fca/download/MajorUSAgriculturalExportMarkets.pdf) y los consumidores mexicanos perderían al pagar precios más altos.

Los mexicanos pueden presentar un fuerte argumento de que el dinero ilícito y las armas que se dirigen al sur desde Estados Unidos están alimentando la violencia y la corrupción que aquejan su país. Sin embargo, las amenazas mexicanas no serían una forma constructiva de abordar los problemas “compartidos” de la delincuencia transfronteriza.

De igual manera son contraproducentes las amenazas de EU de aplicar un impuesto de 25 por ciento sobre las importaciones de automóviles mexicanos que ingresan a Estados Unidos, “si las drogas no se detienen o se detienen en gran medida”. (https://www.nbcnews.com/politics/donald-trump/trump-gives-mexico-one-year-warning-stop-drugs-tariffs-border-n991026).

Esos “autos mexicanos” tienen un promedio de 38 por ciento de contenido estadunidense (https://econofact.org/how-much-of-your-car-is-made-in-mexico). ¿Cuántos trabajadores de EU serían perjudicados, además del daño en México? (https://www.usatoday.com/story/opinion/2019/04/02/trump-close-mexico-border-shutter-us-auto-industry-weaken-economy-column/3337125002/).

Sin embargo, no hay duda de que Estados Unidos y México tienen que revitalizar urgentemente su asociación contra la delincuencia transfronteriza. El tráfico de drogas, armas, personas y dinero lastima y mata a demasiadas personas en ambos lados de la frontera. Los dos gobiernos tienen que mejorar la colaboración cotidiana y la cooperación estratégica.

Un grupo (https://usmex.ucsd.edu/taskforce/index.html) de académicos y ex funcionarios mexicanos y estadunidenses desarrollaron en los últimos meses recomendaciones para hacer avanzar este trabajo crucial (https://www.brookings.edu/research/us-mexico-security-cooperation-2018-2024/). El Grupo de Cooperación de Seguridad México-EU (https://www.brookings.edu/events/u-s-mexican-security-cooperation-the-opportunities-and-challenges-ahead/) revisó los últimos diez años de cooperación e identifica los pasos que deben tomarse para mejorar la campaña contra las organizaciones criminales.

Debemos ser claros: la cooperación México-Estados Unidos no puede resolver el problema de la demanda de drogas en EU que ocasiona cerca de 70 mil muertes por sobredosis al año (https://www.drugabuse.gov/related-topics/trends-statistics/overdose-death-rates). La cooperación bilateral tampoco resuelve el crimen y la violencia que provocaron 33 mil homicidios en México el año pasado. Sin embargo, una mejor cooperación bilateral puede aumentar considerablemente la capacidad de los dos socios y mejorar los resultados. Desarrollar el entendimiento y confianza mutua, en lugar de amenazar al vecino, es esencial para el impulso que resultará con una mejor colaboración bilateral.

El Grupo de Cooperación de Seguridad México-EU argumenta a favor de: establecer un grupo de coordinación a nivel de gabinete; colaboración a nivel federal y estatal; fortalecimiento de la justicia penal e investigaciones conjuntas; desarrollo de unidades de enlace internacionales; crear un grupo de trabajo especial México-EU contra el fentanilo; intercambiar mejores prácticas sobre prevención del abuso de drogas y estrategias de reducción de daños; iniciar la colaboración de vigilancia comunitaria; mejorar la cooperación contra los grupos delictivos centroamericanos; evitar choques por la política de mariguana; usar mejores técnicas de investigación contra la corrupción; establecer mecanismos para un diálogo regular y franco sobre los derechos humanos, y desenterrar y fortalecer la colaboración sistemática contra el tráfico de armas y el lavado de dinero.

En el primer lugar de la lista se encuentra la necesidad urgente de crear un grupo de coordinación dirigido a nivel de gabinete. Este organismo primero resolvería las principales prioridades de seguridad pública de los dos gobiernos y establecería una agenda de acción acordada, incluidas las áreas clave para una cooperación más profunda. El grupo de alto nivel después llevaría a cabo la tarea esencial de monitorear y revisar regularmente los avances realizados por los equipos interinstitucionales bilaterales, abordar los problemas que surjan e informar a los dos presidentes.

Una de las principales prioridades del presidente Trump es detener el flujo de opioides y otras drogas letales de México que contribuyen a la epidemia de adicción y sobredosis en EU, mientras que el presidente López Obrador (AMLO) tiene como prioridad principal revertir la plaga de homicidios violentos en grandes zonas de México que causaron un número récord de muertes en 2017 y 2018, y durante los primeros tres meses de 2019 bajo su gobierno.

Un nuevo informe del Instituto para la Economía y la Paz sitúa el impacto económico de la violencia en 268 mil millones de dólares en 2018. Eso equivale a 24 por ciento del PIB de México (http://visionofhumanity.org/indexes/mexico-peace-index/). No es de extrañar que AMLO otorgue tanta prioridad a la reducción del crimen y la violencia.

Aunque distintas, las prioridades de México y EU tienen una superposición significativa. Por ejemplo, los narcotraficantes mexicanos no están en la frontera y lanzan con una honda las drogas a Chicago y Boston. Existen redes criminales que cooperan distribuyendo las drogas en Estados Unidos. Y el flujo de dinero y armas desde el norte a los grupos criminales mexicanos exacerba los contextos de violencia crónica que, sin duda, dificultan la restauración de la paz en las comunidades mexicanas atormentadas.

Por lo tanto, es urgente que los dos países elaboren una agenda común para la acción conjunta y la asistencia mutua. Sin un esfuerzo de ese tipo, es probable que la cooperación bilateral sea dispersa, por episodios e ineficaz, y los estallidos periódicos son más probables. Con una estrategia y una agenda de acción bilaterales acordadas y un grupo a nivel de gabinete que funciona bien para revisar de manera regular los avances y los problemas, los dos países tienen una mejor oportunidad de avanzar hacia las prioridades de seguridad pública de cada uno.

Entre las recomendaciones del grupo para el trabajo conjunto está ayudar a México a fortalecer sus fuerzas policiales y de justicia federales y estatales, para que puedan ser socios más efectivos en la lucha contra el crimen. México desarrolla una nueva Guardia Nacional para ayudar a restablecer el orden en todo el país. Este será un proceso complicado y que consumirá muchos recursos (https://www.animalpolitico.com/el-blog-de-causa-en-comun/propuestas-para-la-guardia-nacional/).

La Guardia Nacional se beneficiaría de la capacitación específica y la asistencia técnica que proporcione Estados Unidos en el marco del programa conjunto “Mérida”, que fue un punto de inflexión en la cooperación de seguridad entre ambos países y que funciona como paraguas para una gama de asistencia para el desarrollo de capacidad que EU proporciona desde 2008 (https://mx.usembassy.gov/our-relationship/policy-history/the-merida-initiative/).

Los servicios fronterizos de México, al igual que sus contrapartes estadunidenses, también se beneficiarían enormemente con sensores de “última generación” financiados para encontrar drogas, armas y dinero que cruzan la frontera (https://thehill.com/opinion/immigration/428527-3-real-emergencies-at-our-southern-border-and-how-to-fix-them). Y las empresas mexicanas, así como las estadunidenses, se beneficiarían con planes desarrollados conjuntamente para garantizar corredores de comercio seguros y rápidos.

Una gran debilidad para México en la última década han sido sus ineptos sistemas estatales y municipales de policía y justicia penal. Podrían beneficiarse enormemente de la reorientación de la asistencia técnica del plan Mérida para mejorar los resultados contra los grupos criminales, quizás dándole prioridad a la cooperación contra los grupos con operaciones transfronterizas. La colaboración bilateral y el desarrollo de capacidades deben abarcar elementos subfederales de ese tipo para apoyar soluciones al crimen a largo plazo.

El grupo de trabajo argumenta que deben establecerse o reactivarse las unidades conjuntas confiables de investigación y enlace para perseguir a los delincuentes, desarrollar la evidencia y presentar los casos necesarios para condenarlos en cualquiera de los países. El sistema de justicia penal de México actualmente está plagado de tasas muy bajas de condenas, así como también de corrupción (http://visionofhumanity.org/indexes/mexico-peace-index/).

El grupo sugiere dos áreas para el trabajo enfocado específico de los equipos bilaterales: 1) combatir los opioides sintéticos, como el fentanilo, porque es altamente letal, muy rentable y fácil de contrabandear (https://www.wilsoncenter.org/publication/mexicos-role-the-deadly-rise-fentanyl); y 2) rastrear y confiscar el dinero de las ventas de drogas en EU que fluye a los delincuentes en México. Hasta el momento, ni los esfuerzos de Estados Unidos ni los de México han tenido mucho éxito en encontrar la gran cantidad de dinero que los funcionarios de las fuerzas policiales creen que se recolecta en EU.

Estados Unidos y México deberían trabajar para fijar la mira en los grupos criminales, no solo persiguiendo a los capos, sino más bien al hacer redadas a la mayor parte de su red de ambos lados de la frontera, en grandes operaciones basadas en una buena inteligencia y un proceso conjunto. Si bien se necesita tiempo para desarrollar estas operaciones y se requiere de la confianza entre los grupos de trabajo conjuntos de EU y México, pueden debilitar significativamente la capacidad operativa de los grupos criminales.

El informe del grupo de trabajo sugiere otros pasos específicos importantes necesarios para el progreso, como la verificación adecuada de los funcionarios participantes. Sin embargo, la clave es acordar una estrategia general y una agenda de acción, y después establecer los acuerdos de enlace y de trabajo para llevar a cabo la tarea de desarrollo de capacidad y aplicación de la ley de manera que genere confianza y produzca resultados.

Las entidades de aplicación de la ley, seguridad pública, inteligencia y justicia de ambos países abarcan muchas agencias. A menudo no cooperan ni se comunican de manera óptima dentro de sus propios gobiernos, y mucho menos de manera bilateral.

Sin embargo, durante la última década, Estados Unidos y México han forjado equipos binacionales que han cooperado bien con confianza mutua, y lograron mejorar la comunicación y cooperación entre agencias. Esa experiencia se debe profundizar y ampliar en ambos gobiernos.

El trabajo se debe dirigir a abordar las áreas más problemáticas, como el tráfico de armas, la corrupción y los abusos de los derechos humanos. Esto se puede hacer con una clara dirección y compromiso desde arriba, y se debe hacer ahora.

Ambos países se beneficiarán enormemente al aumentar el trabajo práctico cotidiano de crear asociaciones más efectivas y aumentar las capacidades de los socios bajo el liderazgo activo de un grupo de coordinación de alto nivel que funcione bien.

Con un conjunto de prioridades en el que estén de acuerdo, una visión estratégica compartida y la voluntad política, Estados Unidos y México pueden forjar una cooperación más fuerte y más efectiva contra el devastador crimen transfronterizo que perjudica a ambas sociedades. Los mexicanos y los estadunidenses pueden ganar mucho con una cooperación tan revitalizada.

*Embajador de carrera (retirado), Mexico Institute, Wilson Center.

Con colaboración de Vanda Felbab-Brown, catedrática, Brookings Institution; Rafael Fernández de Castro, director del Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Escuela de Política y Estrategia Global de la Universidad de California en San Diego, y Cecilia Farfán-Méndez, investigadora posdoctoral en el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Escuela de Política y Estrategia de la Universidad de California en San Diego.

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